miércoles, 13 de diciembre de 2017

La CiuDaD.

Este texto lo escribí en el coche, el día 18 de octubre en medio de un atasco.


Hoy toca de nuevo venir al tratamiento. Hasta el mes de junio próximo he de seguir viniendo cada veintiún días.

Estamos entrando a Madrid, el cielo por fin ha decidido regalarnos lluvia y los accesos están colapsados. Avanzamos muy despacio, pero me encuentro tranquila, sé que llegaremos a tiempo al hospital.

Es un día gris, pero a mí me gusta, ha refrescado y ahora si parece que estamos en otoño.

Las nubes encapotan el cielo de la ciudad cubriéndolo de tonos grises y las puntas de los rascacielos rozan las nubes, como acariciando sus barrigas.

Una ciudad enorme que se despliega a ambos lados de la carretera.
Ciudad llena de vida, de gente, de coches y hoy de lluvia.

Ciudad en la que viví muchos años, en la que uno pasa inadvertido, es libre de ir y de venir. En la que siempre hay cosas que ver y qué hacer. Urbe que no duerme, que siempre permanece alerta. Que espera y te desespera. A la que puedes amar y odiar a la vez.

Esa ciudad en la que me gusta vivir y a la que prometo volver, de momento los fines de semana y después para siempre.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 5 de diciembre de 2017

EL PeRRo.


Desde muy pequeña me gustan los animales. Por alguna razón que desconozco siempre he sido abogada de causas difíciles y he tenido la necesidad de ayudar a animales desvalidos. Esto me llevó a adoptar perros, pájaros, peces o gatos. Hemos tenido mil y un animales. Ha habido épocas en las que nuestra casa parecía un zoológico y si no tenemos más es por falta de espacio. Me encantaría tener gallinas para no tener que comprar huevos.

Últimamente no sé muy bien porqué, siento la necesidad de coger otro perro. Ya tenemos uno de tamaño mediano-grande que lleva con nosotros ocho años. Pero ahora, se me ha metido en la cabeza traer otro de tamaño mini. He ido mirando en diferentes protectoras y me han gustado varios, pero al final, no me decidido a llamar a preguntar por ninguno. Porque por otro lado, pienso que ya tenemos un perro y que otro sólo nos dará más trabajo. Pero ésta auto excusa no termina de convencerme.

Dependiendo del día pienso una cosa u otra y al final no consigo ponerme de acuerdo conmigo misma. Lo que me genera cierta ansiedad por no ser capaz de decidirme.

Total, que así van pasando los días y yo sigo con mi rurun en la cabeza. Escuchando a una vocecilla que me dice que adelante y luego escuchando a otra que me dice que ni se me ocurra.

Al final, un día vi un perrillo en una protectora que me gustó, les envié un email para preguntarles por él, pero nunca contestaron.

Después vi otro en una protectora cerca de casa y volví a intentarlo. Esta vez si me respondieron y la persona que me contestó me envió una foto de otro perro que según ella se adaptaba mejor a nuestras necesidades. !Juro y perjuro que yo no pido un perro con glamour¡ Pero al verlo, no supe si reírme o llorar ¿Cómo demonios podía ser tan feo?. !!Socorro, si era cómo una rata electrocutada.¡¡.Que el universo me perdone por fijarme únicamente en el exterior y no en la belleza interior, pero es que no puedo. Seguro, que con una mano de champú y unos rulos queda niquelado, pero es taaaaaan feo.

En fin, que ahora se me han quitado las ganas.

                                                                                                                                                                                     Paula Cruz Gutiérrez.

lunes, 4 de diciembre de 2017

FeLiZ CuMPLeaÑoS.



Esta semana mi marido ha cumplido los años.

Este año lo hemos celebrado los cuatro juntos en casa. En años anteriores hemos comido acompañados, pero éste año nos apetecía celebrarlo con nuestros hijos.

Después de la escuela comimos tranquilos en casa y colocamos cuatro velas en unos pasteles que habíamos comprado. Nos los comimos contentos cantando el cumpleaños feliz, mientras brindábamos con sidra sin alcohol.

Mirando cómo los niños y mi marido cantaban y sonreían yo intentaba hacer alguna fotografía para inmortalizar el momento. Y en ése preciso momento, retrocedí  un año atrás. Como si una nave espacial me llevase a otro momento ya vivido, lleno de emoción, de esperanza y de incertidumbre. Cuando sí que celebramos los cumpleaños acompañados por más gente, mientras yo superaba los efectos secundarios de la quimioterapia y esperábamos a que llegara el día de entrar de nuevo al quirófano. Ajenos e ignorantes, sin ser conscientes de la que se nos avecinaba.

De repente sentí como si nuestra cocina fuese una cápsula del tiempo, en la que habitábamos los cuatro. Me invadió un inmenso sentimiento de estar en el lugar y en el momento adecuado, de estar en mi sitio. De no desear ir a ningún otro lugar fuera de aquellas cuatro paredes. Y entonces, mientras observaba a mi familia, surgió en mi interior un profundo sentimiento de agradecimiento. Por ver que mi marido no estaba viudo, que mis hijos seguían teniendo madre y que yo seguía aquí, a su lado. Terriblemente afortunada porque seguimos siendo una familia de cuatro miembros. Feliz porque a ratos puedo cuidar de ellos y otras veces son ellos, los que deben cuidar de mí.

Es indudable que si no hubiera sido así, que si yo hubiera muerto, ellos habrían celebrado de igual modo el cumpleaños, pero no creo que hubiese sido igual. 

Ahora después de todo lo acontecido durante éste año, celebramos cada día que seguimos adelante, celebramos mi recuperación, los cumpleaños y cualquier otra cosa que nos apetece. Celebramos la vida misma, con un plato de judías pintas y una copa de sidra. Puede que sean celebraciones discretas, sin grandes jolgorios ni mucha gente, ni con grandes menús, pero lo importante es que lo hacemos los cuatro juntos.

Y confieso que ahora que llegan las navidades me apetece celebrarlas de la misma manera. Perdernos los cuatro en algún lugar. No necesito nada más que un "fuerte abrazo en familia", como lo llaman mis hijos, cuando nos abrazamos los cuatro a la vez y nos apretamos fuerte fuerte.



                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


sábado, 2 de diciembre de 2017

Feliz Fin de Semana.


Ya hace unos cuantos días que no escribo. 

La semana pasada me atacó la astenia otoñal y estuve la mayor parte del tiempo sin energía y constantemente adormecida. Por más que lo intentaba no era capaz de mantenerme espabilada.

Esta semana la cosa no ha mejorado mucho, el lunes tuve el ciclo, con lo que el martes pasé mal día. Después, como es costumbre cojo el catarro de turno. Aunque este tratamiento se supone que no afecta a mis defensas sí que debe hacerlo, porque tras su administración siempre me acatarro. 

Así pues, el frío ha venido acompañado por un malestar general que me afecta principalmente a la cabeza.

Aún así, esta mañana (en un momento de lucidez) he decidido teñirme una cresta de color violeta. Se supone que al éste frío polar que nos ataca hay que ponerle buena cara, aunque sea sin salir de casa. Ya saldré mañana un poco más.

Aún hay personas que piensan que la actitud no es importante, que mientras hagamos caso a los médicos y nos tomemos los medicamentos que nos prescriben da igual lo que pensemos o sintamos. Yo como ya sabéis, disiento completamente de estas opiniones, mi experiencia me ha demostrado que la mente ha de ir a la par con la medicina. Es la única manera de que los tratamientos den los resultados esperados.

Espero que tengáis todos un buen fin de semana, con dolores o sin ellos, pero siempre intentando estar lo más animados posibles.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

     
                   

miércoles, 29 de noviembre de 2017

uN CuRSo De eSCRiTuRa.






A partir de hoy comienza una nueva etapa. Hasta ahora mi método de escritura no era otro que ir contando lo que me iba ocurriendo de la manera más amena posible. 

Hoy me he inscrito en un curso on line de escritura creativa para aprender a escribir bien.

Lo cierto es que soy muchos los que me habéis dicho que porqué no escribo un libro con todos los textos. Y la verdad es que  me gustaría mucho hacerlo, pero no conozco a ningún editor que quiera publicarmelos. Se que está la opción de la autoedición, pero no me convence. No quiero costear yo la edición del libro y luego tener que llevarme los volúmenes a casa para su venta. Deseo encontrar un editor que me lo publique y se encargue posteriormente de su distribución.

Con éste curso espero aprender muchas cosas útiles para seguir escribiendo, aprender a escribir textos con calidad y que les gusten a los lectores, aunque ya sé que lo que escribo os gusta. Estoy convencida de que si uno quiere hacer alguna tarea bien, antes ha de prepararse y estudiar para ello.

Siempre me ha gustado escribir y en éste último año en el que la escritura se ha convertido en mi terapia, creo que ha llegado la hora de aprender más sobre el tema y hacerlo mejor.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Qué eS Lo MáS iMPoRTaNTe?




Alguien dijo una vez: "Intenta que lo más importante en tu vida, sea lo más importante".

Tras leerlo podemos pensar: pues vaya tontería. Pero si nos ponemos a pensar su verdadero significado, veremos que la frase aunque sencilla, tiene mucha más profundidad. 

Porque en ésta vida de locos que llevamos, en la que no nos sentamos ni nos relajamos nunca, en muchas ocasiones perdemos el norte. Perdemos la noción del tiempo y del espacio y olvidamos lo que realmente es importante para cada uno de nosotros.

Olvidamos dedicar tiempo de calidad a aquellas personas que nos importan y queremos. Pasar más tiempo con ellos y hacer cosas agradables, disfrutar de la compañía de nuestra familia y amigos, hacer comidas especiales sin necesidad de tener que celebrar nada, salvo que estamos vivos. Podemos salir a dar un paseo en su compañía o ir al cine. No hace falta hacer grandes cosas, lo esencial es hacerlas juntos.


En otras ocasiones, posponemos la realización de nuestros sueños y de todas aquellas cosas que nos gustan y distraen. Mientras pasan los años y por unas cosas o por otras nunca llegamos a realizarlas. Perdemos nuestro tiempo haciendo otras muchas cosas que no nos gustan por complacer a los demás.

Dejamos para después ese viaje que nos gustaría hacer con nuestra pareja, viaje que en muchas ocasiones nunca llegamos a realizar.

Entonces nos preguntamos: ¿Cómo he llegado hasta aquí?¿Cuando tomé la decisión equivocada para que todo me saliera mal?. En la vida no hay decisiones buenas ni malas, porque lo importante es aprender algo de ellas.

Si fuéramos conscientes de que nuestros familiares y amigos morirán al igual que nosotros mismos, no perderíamos el tiempo en tonterías. Aprovecharíamos el tiempo al máximo.

En la mayoría de los casos, no reaccionamos frente a ésta verdad hasta que nos ocurre algo verdaderamente grave. Algo que nos obliga a abrir los ojos y mirar de otra manera. Algo como una enfermedad grave o el fallecimiento de un ser cercano.

Qué bueno sería olvidar éste ritmo de locos que llamamos vida y aprender a vivirla de verdad.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


         




jueves, 23 de noviembre de 2017

Mi MaMá TieNe CáNCeR.









Afrontar las cosas con la mayor normalidad posible es primordial.

No sobreproteger a nuestros hijos es necesario para que se conviertan en personas mentalmente sanas.

Esto último no implica que debamos dejar que se partan la cabeza, pero sí es cierto, que no pasa nada si se dan un golpe y los dejamos que se levanten solos. Tienen que aprender a caer y a levantarse sin que nosotros estemos allí en el papel de "salvadores".

Considero que si de pequeños nos les dejamos correr riesgos, asumirán que no correrlos es lo correcto y de mayores se comportarán de la misma forma.

Por suerte o por desgracia, según como lo interprete cada lector, una enfermedad grave en uno de los progenitores, obliga a los niños a madurar más deprisa. Comienzan a ver desde pequeños situaciones que tal vez no verían hasta que fueran mucho más mayores. 

Si a mi hijo alguien le pregunta qué le ocurre a su mamá, el responderá: pues mi mamá tiene cáncer. Contestará a la pregunta con la misma normalidad que quien contesta que su mamá tiene un catarro. Desde el principio de mi enfermedad, les hemos ido explicando lo que me ocurría, intentando en todo momento explicárselo con un vocabulario fácil que pudieran comprender.

Afortunadamente, mi hijo dentro de su inocencia, no asocia la palabra cáncer con muerte. Porque en éste caso yo no he fallecido.

La semana pasado tuve dos días muy malos, me sentía agotada. Mi cuerpo debía estar haciendo algún trabajo interior y destinaba toda su energía a curarse por dentro. De tal manera, que a mí físicamente no me quedaba energía.

El martes después de comer me eché la siesta para ver si descansaba. Cuando llegó mi hijo a despertarme me dí cuenta de que no podía moverme. Por más que lo intentaba, no podía mover las piernas ni los brazos de lo cansaba que estaba. Entonces, opté por decirle que le dijera a papá que no podía moverme y que llamara a la grúa. De ésta forma, él se fue contento a llamar deprisa a su padre. Yo podía haber optado por lamentarme porque no podía moverme y hacer un drama de todo aquello delante de él, sin embargo no quise. Cuando llegó mi marido me levantaron de la cama entre los dos entre risas y para él fue una cosa de lo más normal. Sin dramatismos ni victimismos.

Aunque los niños no han llegado a saber el alcance real de mi enfermedad, han sido conscientes en todo momento de que la cosas habían cambiado mucho. De que mamá necesitaba ayuda para poder hacer muchas cosas. Hay una enorme diferencia de ver a mamá siempre activa y de verla ahora durante tantos meses tumbada en el sofá. Ellos aunque sean pequeños saben que estoy enferma y me ofrecen su ayuda en todo momento.

Para mí eso es una grandisima satisfacción porque demuestra una cosa: todo lo que me quieren.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 21 de noviembre de 2017

ESTOY ENFERMO.



Estoy enfermo, me han diagnosticado un cáncer y ya me han operado. Parece que el diagnóstico es bueno, mejor realmente de lo que esperaba. 

Estoy contento, pero también  estoy asustado, muy asustado. Es un miedo que me atenaza el corazón y me nubla la razón. 

Desde que enfermé siempre estoy acompañado por mi mujer o por otro familiar. Están preocupados por mí.

Delante de los demás permanezco animado, sin dar signos de tristeza. Cada mañana ,me coloco esa máscara para no preocupar a los demás. No quiero que se preocupen más de lo necesario por mí. 

Se que su intención es ayudarme, pero si tuviera un ratito para estar yo solo, lloraría, lloraría como llora un niño por encontrarme en ésta situación. Lloraría sin consuelo por ponerme enfermo ahora, aunque se que en el fondo, tener cáncer nunca le viene bien a nadie.

Toda mi vida pasa ante mis ojos como un fotograma, la observo desde fuera como quien ve una película de la vida de otro. Pero tristemente me doy cuenta de que es mi propia vida la que aparece en la pantalla. 

Necesito huir, escapar de ésta situación, romper ésta máscara y librarme de tanto dolor. Volver a mi vida de antes. Cuando no conocía esta incertidumbre y éste miedo obsesivo que se han apoderado de mí.

Quiero pensar que ésta etapa pasará pronto, deseo levantarme por la mañana siendo más positivo. Pero me cuesta tanto...



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 14 de noviembre de 2017

Yo No.

La semana pasada mientras realizaba una actividad fuera de casa me sucedió una cosa. Habían colocado varias carpas para hacer dicha actividad y al terminar, los trabajadores del ayuntamiento llegaron para retirarlas. Pues bien, mientras yo hablaba con una amiga, ellos procedieron a retirar la primera de las carpas; en ese momento en el que la quitaban y plegaban, mi mente retrocedió de manera inmediata e inconsciente a la UCI.

Aquella carpa dejó de ser una carpa para convertirse en el ataúd portátil de la UCI. 

Ya han pasado diez meses desde que salí, pero aún hay muchas cosas que mi inconsciente tiene guardadas.

Durante el mes que permanecí allí ingresada  me dio tiempo de ver muchas cosas. Unas buenas y otras no tan buenas, porque vi morir a mucha gente.

Cada vez que veía la bolsa negra y cómo de ella extraían el ataúd plegable de aluminio, sabía que alguien había fallecido.

Hoy he sido consciente de algo de lo que hasta ahora no me había dado cuenta. Allí en aquella sala grande donde todo se veía, cada muerte era una tragedia. Pero hoy me he percatado de lo que realmente supusieron esas muertes para mí. Fueron simple y llanamente una RATIFICACIÓN. Porque cada vez que alguien moría se afianzaba en mí la idea de que yo no iba a morir allí como ellos.

Convenciéndome de que iba a vivir pese a que todo estuviese en mi contra.

Mi objetivo era volver a casa con mis hijos y cada vez que se producía un deceso, en mi mente saltaba un resorte y una voz me decía "yo no voy morir"

Hoy, he entendido por fin su significado. Esas muertes han dejado de ser para mí un hecho desagradable, para convertirse en parte de mi sanación. He comprendido que sólo eran la manera en que la vida me obligaba a mantenerme firme en mi decisión. Que sólo eran una señal de que debía continuar. Que la función de esa voz era mantenerme alerta.

Hoy, me siento agradecida y un poco más ligera de equipaje.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


domingo, 12 de noviembre de 2017

La MeNTe.



Cada vez estoy más convencida de dos cosas: que el poder de nuestra mente es ilimitado y que desgraciadamente el ser humano vive empanado, porque tan sólo utiliza una ínfima parte de ese gran poder.

Debería ser una asignatura obligatoria el que nos enseñaran a utilizar nuestro potencial mental, que junto con él, nos explicaran cómo aprender a pensar en positivo, en vez de enseñarnos a quejarnos y a ir de víctimas por la vida.

En éste último año, he sido consciente de que todo aquello que creamos en nuestra mente, se convierte en nuestra realidad. Que si agradecemos las cosas buenas que tenemos, nos vienen más cosas buenas por las que estar agradecidos. Por el contrario, si tan sólo vemos las cosas malas que nos rodean, la vida nos envía más de lo mismo para poder seguir quejándonos. Como se suele decir, es la pescadilla que se muerde la cola.

No hay personas fuertes y personas menos fuerte, tan sólo, personas que deciden aprender y personas que prefieren vivir estancadas. En el momento en el que decides tomar las riendas de tu vida para mejorarla, te llegan oportunidades para poder hacerlo. Nadie dijo que éste gran esfuerzo fuera fácil ni rápido. Como todo trabajo se necesita constancia y ánimo para hacerlo un poco mejor cada día, pero si eres consciente del premio que te espera al final, el camino se hace mucho más llevadero.

Desde el primer momento en que caí enferma abogué por mi recuperación, trabajé por ello con esmero y al final el premio ha sido recuperarme. Lo importante no es lo que los demás opinen, sino el resultado final. 

No pongo en duda que los tratamientos médicos sean eficaces, nada más lejos de la realidad, pero sí abogo porque el enfoque psicológico que tenemos influye en los resultados finales.

Creo que poco a poco deberíamos ir utilizando y sacando provecho de ese gran potencial que tenemos llamado Mente. Quizás por ello, somos los únicos animales en el planeta que tienen esa gran capacidad. Que olvidemos la "comodidad y la seguridad" que nos brinda el victimismo y comencemos a utilizar de manera útil nuestros pensamientos.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

viernes, 10 de noviembre de 2017

El devenir de los días.


El devenir de los días transcurre de forma diferente para todos. Cada uno de nosotros al comenzar la mañana tiene unos quehaceres. Con el transcurso del día los proyectos se van realizando, mezclándose a su vez, con las cosas que aparecen de manera imprevista.

A la hora de levantarnos todos tenemos ciertas ilusiones pensando cómo nos gustaría que transcurriera la jornada que va a comenzar. Y ese transcurrir de las cosas, dependerá mucho de cómo encaramos el día, del "pié con el que nos levantemos".

Afrontar el nuevo día con agrado y de manera positiva, es primordial para que las cosas nos salgan  medianamente bien. Ya sé que la vida no es perfecta, que hay días en los que nos cuesta mucho levantarnos o que los dolores se apoderan de nuestros huesos, pero no hay que perder el rumbo. Tenemos que saber que nuestro destino está cerca, que hemos de conducir nuestro velero de tal manera que lleguemos al otro lado vivos y satisfechos.

Creo que no debe haber nada peor que la sensación de saber que no has hecho todo lo que estaba en tu mano para resolver un problema. 

Que surjan problemas por el camino es normal, pero rendirse o darse por vencido no es factible.

Cada uno tenemos unas posibilidades, unos conocimientos y unas aptitudes, cada uno nos adaptamos a ellos e intentamos mejorarlos en lo que podemos.

Aceptar una situación es el primer paso para conseguir la victoria. Resignarse es sinónimo de rendición y no hacer nada, es a su vez, sinónimo de fracaso. Un fracaso absoluto que nos daña el alma.


                                                                     Paula Cruz Gutiérrez.



.

miércoles, 8 de noviembre de 2017

Un TAC, el Cáncer y Yo.


Hoy he conocido el resultado del TAC. En él, el radiólo indica que no hay nada destacable, que las manchas que se veían en el TAC anterior han desaparecido, ésto indica que mi cáncer y la metástasis ya se han ido.

Debería estar eufórica pero lo tenía tan asumido que no me ha sorprendido. Aunque he de confesar que he llorado al conocer la noticia, ha sido como quitarme una gran losa de encima.

Fui a hacérmelo tranquila, de buen humor y dando gracias porque todo estaba perfecto. He visualizado muchas veces ese TAC tan importante y fui sabiendo que todo saldría bien. 

Así pues, mi hígado, mis riñones, mis intestinos, mi vejiga, mi bazo, mi estómago, las paredes de mi cavidad abdominal, mi pulmón y mi pericardio están libres de la enfermedad.

Gracias al trabajo del personal médico y al trabajo ingente que he realizado y realizo con mi cabeza lo hemos conseguido. Durante éste último año, he "reseteado" mi mente por completo y ha sido mi salvación. 

Puede que tengamos problemas o que estemos pasando por una mala racha, pero si buscamos lo bueno nos será más fácil avanzar.

Ha sido un año muy difícil y complicado, pero de ésta experiencia sólo me quedo con todo lo bueno que he aprendido y con toda la gente buena que he conocido.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 7 de noviembre de 2017

Un día en el hospital no es un día cualquiera.


Si uno quiere tiene mil cosas por las que estar feliz. Millones de pequeños momentos que unidos conforman un día especial. Aunque el lugar donde se desarrolle ese día sea el hospital y venga cargado de cosas.

Hoy ha supuesto un madrugón para viajar a Madrid. Tenía programada una analítica, una radiografía, un TAC con dos contrastes, una consulta y el tratamiento correspondiente de cada veintiún días. Después vuelta a casa. 

La analítica y la radiología han salido bien y rápido. La chica que me ha hecho el TAC me ha dicho que me iba a sacar "guapa y limpia" y yo le he contestado con una sonrisa, que me parecía perfecto. Lo que peor llevo del TAC es tener que ir en ayunas, sin tan siquiera poder beber agua.

A la hora de la consulta, he tenido una conversación muy agradable y distendida con mi oncólogo, se ha ofrecido a ayudarme con un proyecto que tengo entre manos. Y con el equipo de enfermería de oncología más de lo mismo. El personal de la UCO es muy agradable y eso se agradece.

Después hemos ido a visitar al equipo de la UCI y se han alegrado mucho de verme, igual que yo a ellos. Les estoy muy agradecida, por haber luchado tanto por mí para sacarme adelante durante el mes que estuve allí ingresada.

Para celebrar el día nos hemos ido a comer al restaurante, yo me he comido una hamburguesa de pollo rica, rica. De regalo especial me he comprado el último cd de Bunbury.

Para terminar, vuelta al coche y vuelta a casa. Con la satisfacción de que todo ha ido bien y la tranquilidad que aporta tener el mejor equipo médico a mi disposición.

Lo mejor del día es volver a casa con una sonrisa en la cara.


                                                                                                               Paula Cruz Gutiérrez.




ESoS DoLoReS Que Me MaTaN.





Desde hace varios días, mi cuerpo arrastra un cansancio que no es normal (o tal vez sí). Mis ojos son incapaces de abrirse cuando suena el despertador por la mañana y he de levantarme para despertar a los niños. Así pasa, éstos dos últimos días han llegado de los últimos al colegio.

Pero ese cansancio que arrastro se acentuó mucho más ayer. Un cansancio demoledor que me impedía abrir los ojos y que me obligaba a caminar arrastrando los pies. No se si será cosa sólo de mi organismo o influirá algo el que por fin haya cambiado el tiempo. Pero lo cierto es que me duelen todos los huesos y cada una de mis articulaciones.

Mi baja energía se hace más notoria en compañía de mis hijos, porque mi energía al lado de la suya es nula. Su corta edad hace que sean incombustibles.

Hoy al levantarme, me he dado cuenta de que no podía caminar. No puedo flexionar la rodilla izquierda, el dolor es tan fuerte que me entran ganas de llorar. Me he tomado un calmante fuerte, pero aún así el dolor persiste y me he pasado la mayor parte del día en el sofá, incapaz de poder moverme. Mi día de hoy ha pasado con más pena que gloria.

Ha llegado la noche y lo único que espero es levantarme mañana mejor. Que éste dolor se vaya tan de improvisto como ha venido.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.




viernes, 3 de noviembre de 2017

Si NeCeSiTaS aPoYo BuSCaLo.



Se que todas las personas que tenemos a nuestro alrededor hacen un gran esfuerzo por entendernos. Pero es difícil saber lo que le ocurre al otro, si no estás en su misma situación. 

Por eso, es tan importante reunirnos con otras personas que tienen el mismo problema o enfermedad que nosotros. Si bien es cierto, que cada persona es un mundo y cada tratamiento otro, al final, los patrones entre nosotros son muy parecidos. Esto nos permite opinar sobre los síntomas de otros enfermos o que los otros opinen abiertamente sobre los nuestros. 

Entre nosotros es más fácil apoyarnos y darnos ánimos, al fin y al cabo, casi todos los enfermos de cáncer pasamos por los mismos tratamientos. En unos casos la quimioterapia es más fuerte o en otros lo es la radio. Pero aunque el número de sesiones oscile a favor de unos o de otros, los efectos secundarios son muy parecidos en todos los casos.

Hay días en los que el sol amanece nublado y nosotros con él. Esos días, lo mejor es buscar apoyo dentro de un grupo de enfermos que nos entienda y nos den los ánimos que necesitamos. Ellos mejor que nadie nos apoyarán para poder seguir nuestro duro camino.

Ese camino que amanece soleado muchos días y completamente nublado otros. Un camino complicado, que recorremos a grandes zancadas unos días, mientras que otros tan sólo alcanzamos a dar pequeños pasos.  

Siempre hay personas cerca dispuestas a ayudarnos, busquemos su apoyo cuando lo necesitemos, porque juntos es más fácil llegar un poco más lejos.

Yo pertenezco a dos colectivos, en ellos me apoyo unas veces  y animo a mis compañeros otras.


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 31 de octubre de 2017

LuCHo PoR...


Hoy escribo éste texto, al hilo de una conversación mantenida ayer. 


En ella me preguntaban contra qué luchaba yo, queriendo decir qué tipo de tumor había tenido.

Yo rápidamente me apresuré a contestar que no luchaba contra nada. Ese es mi lema desde del primer momento, NO LUCHAR CONTRA NADA NI CONTRA NADIE.

Me llaman valiente, pero yo no lo soy porque no me enfrento a nada. Valientes son los soldados que van a la guerra o el personal que hacen frente a un incendio o a otra catástrofe. 

Yo me limito a luchar por y para, no contra.

Yo lucho por vivir, siempre a mi ritmo. Lucho por guardar experiencias y por cumplir sueños, porque es una manera de que mi alma sea feliz. Lucho cada día por ver crecer a mis hijos y por pasar el mayor tiempo posible con mi familia y mis seres queridos. Tiempo de calidad a su lado. Lucho, porque el día de mañana me recuerden con cariño. Lucho por ayudar a todas aquellas personas que me lo pidan, porque es bueno compartir y dar un poco de tu tiempo a los demás. Lucho, por vivir tal y como yo deseo, sin hacer daño a nadie, pero siguiendo los dictámenes de mi corazón y sin importarme lo que puedan hacer o decir el resto. Lucho, por seguir aprendiendo cosas nuevas, porque un cerebro que estudia y aprende nunca envejece. Lucho por atesorar sonrisas y besos.

Lucho, para que el día en que la muerte venga a buscarme, pueda irme satisfecha y tranquila, sabiendo que he hecho todo aquello que deseaba hacer.

Como veis aunque esté en mi sofá, no me estoy parada. Desde aquí visualizo todo aquello que quiero conseguir.

A día de hoy, me imagino a mi tumor como un ente externo a mí,  se aleja despacio, con un hatillo en un hombro y diciéndome adiós, mientras yo me despido de él enviándole un beso.

Desde el primer día en el que conocí su existencia, le he ido pidiendo que se marchara. Se lo he pedido siempre con calma y con cariño y él poco a poco ha ido retrocediendo, hasta desaparecer.
El próximo lunes tengo TAC de control y sé que éso mismo reflejará, que mi tumor ha desaparecido. Mi convinción en ello, es absoluta, no tengo ni una sola duda.

Yo ya me posicioné.
Ahora es tu turno, decide porqué luchas tú.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 29 de octubre de 2017

El No Otoño



El sol me golpea implacable mientras paseo. El calor me persigue sin contemplaciones, burlón y pegajoso, se apodera de mi cuerpo y de mi mente.

Mi cuerpo se resiste a él, camino despacio pero el sol me persigue igualmente. Mientras camino mi mente se muestra ralentizada, como anestesiada por los rayos del sol. Tanto calor en ésta época del año no es saludable. Los cuerpos se resisten y las mentes se adormecen.

Mientras tanto en los armarios, la ropa de verano celebra su inapropiada victoria sobre la ropa otoñal. Una victoria extraña, demasiado larga en el tiempo.

Las chaquetas y los abrigos esperan extrañados que llegue su turno, sin entender porque sus dueños tardan éste año mucho más en sacarlos de sus fundas.

Deseo que lleguen las nubes y las gotas de lluvia nos inunden los campos y el corazón. Gotas que refresquen el ambiente y humedezcan los ánimos.

Que nos levantemos una mañana sabiendo que por fin llegó el otoño y podamos disfrutar de él.

Me gustaría levantarme y descubrir que el cambio climático es sólo una pesadilla de una noche.
                                   
                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


miércoles, 25 de octubre de 2017

He aPReNDiDo.



Hubo un momento en el que la vida me puso en la tesitura de elegir. Elegir luchar contra algo abstracto como es el cáncer o elegir luchar por vivir.

Yo sin pensarlo dos veces, elegí la segunda opción. Para mi manera de pensar era más idónea.

Es cierto que han sido meses en los que ha habido sías muy difíciles de sobrellevar, que el cuerpo te abandona rendido a los fuertes tratamientos, que los dolores son difíciles de soportar y te desmoronas llorando pensando que no serás capaz de soportarlos.
Todas estas cosas son ciertas, junto con otras muchas más.
Pero también es cierto, que ahora, que lo peor de la tormenta ya ha pasado y que el futuro apremia por llegar, el balance de todos y cada uno de éstos días es POSITIVO.

Se que no para todo el mundo es igual, pero en mi caso sí ha sido así. 

He aprendido a quererme mucho más y mejor. Y con ello, también a los demás.

He aprendido a ver la vida de otra manera, más sincera. Una vida plena y de verdad.

He aprendido a dejar atrás todo aquello que ya no me aportaba nada, soltando apegos a cosas y a personas.

He aprendido a decir NO, porque hay que hacer las cosas para complacernos a nosotros mismos y no a los demás.

He aprendido a aceptar los elogios, los regalos y todo lo bueno que la vida ha decidido darme. Simple y llanamente porque yo me lo merezco.

He aprendido a soñar y a que esos sueños se conviertan en realidad.

En definitiva:
He aprendido a VIVIR y a ser FELIZ, no importa que tenga cáncer o un simple catarro.

Aposté por vivir y lo he conseguido.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

sábado, 21 de octubre de 2017

La PReSeNTaCioN.



Ayer por la tarde hicimos la presentación en sociedad de nuestra Asociación ONCOFELICES.

Fue un auténtico éxito en todos los niveles. 


Resultó un acto sencillo, pero muy emotivo a la vez.

Las ponentes reflejaron a la perfección cómo transcurre la vida de una persona afectada de cáncer, de lo que sentimos y de cómo lo afrontamos.

El ayuntamiento nos dejó el local que les habíamos solicitado y nos dieron su apoyo acompañándonos. Muchas gracias por permitirnos celebrar éste acto. 

El público asistente llenó la sala, tanto que hubo muchas personas que tuvieron que permanecer de pié, porque las cien sillas que había se completaron pronto.

Han sido dos semanas frenéticas con los preparativos: hacer la cartelería, buscar patrocinadores, reservar la sala, entrevistas de radio y en los periódicos, etc.

Y al final lo que iba a ser una pequeña invitación con un vino, se convirtió en algo mucho más grande, gracias a toda la comida y bebida que nos han donado.

Muchas gracias de todo corazón, porque el éxito de ayer no se habría producido sin todos vosotros.

Ahora nos toca ir poniendo en marcha todos esos proyectos que tenemos en mente. El principal, ayudar a todos aquellos enfermos o familiares que nos lo soliciten, juntos siempre es más fácil recorrer el camino. Ya sabéis que no importa que no seáis de Mota, nuestra ayuda es para todo aquel que la necesite.

Estoy convencida de que las cosas que se hacen con amor y cariño salen BIEN. Y os aseguro que el día de ayer quedará guardado en nuestros corazones para siempre.

Un millón de gracias a todos.


                                                                      Paula Cruz Gutiérrez.


                                                                                                     

martes, 17 de octubre de 2017

uN eJeRciCio De GraTiTuD.



Hay un ejercicio que practico desde que caí enferma.

Suelo hacerlo por la noche, cuando ya estoy tranquila en la cama antes de dormirme.

Es un ejercicio de agradecimiento.

Cada noche doy gracias por todo lo que tengo. 

Doy gracias por la familia y los amigos. Por todas las personas que me aprecian y me ayudan.

Doy gracias porque disfruto de la compañía de mis hijos y los veo crecer.

Porque tengo una casa, ropa y comida todos los días.

Pero sobretodo doy gracias por la enfermedad, porque con el cáncer estoy aprendiendo muchas cosas que tal vez, de otra manera nunca las hubiese aprendido. Porque he conocido a mucha gente especial, que ha merecido la pena descubrir. Porque he descubierto que soy más fuerte, más constante y más sabia de lo que imaginaba. Que soy capaz de proponerme cosas muy complicadas y llevarlas a cabo.

Es simplemente un ejercicio de gratitud hacia el universo que ahora me ofrece los resultados, en forma de amor, cariño y de reconocimiento.

¿Porqué fijarnos en todo aquello que nos falta, sin prestar atención a todas aquellas cosas buenas que todos tenemos?. Si las sabemos buscar descubriremos que son muchas más de las que nosotros imaginábamos.

Os aconsejo que empecéis a ejercitarlo, porque realmente merece la pena, siempre y cuando lo hagáis desde el corazón.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 15 de octubre de 2017

eL PReMio.


A entrar al auditorio veo que es pequeño pero coqueto. Yo he de bajar hasta abajo. Enfiló la escalera no sin dificultad, me voy apoyando en la pared para no caer. Ésta escalera tiene una dificultad añadida, al estar tapizada con moqueta de color negro, no se aprecian muy bien los escalones. Pero despacio consigo llegar a mi asiento junto a los demás premiados. 

Esperamos pacientes a que lleguen las autoridades y comience el acto. Estamos sentados en la fila numero 3, nuestros familiares y acompañantes ocupan las filas superiores. 

Se respira un ambiente festivo, todo el mundo se encuentra distendido y sonriente. Hacemos pequeños comentarios con el de al lado, pero como no nos conocemos, nuestras conversaciones no llegan mucho más allá de una simple presentación y de explicarnos cual es nuestro trabajo.

De repente, miro a mi derecha y me encuentro con mi amigo Javier, me levanto casi de un saldo y le doy un abrazo tan fuerte como puedo y no sé cuántos besos. Se ha escapado del trabajo para ir a verme cinco minutos. Hablamos deprisa y nos miramos sin parar de reír. Qué subidón de alegría y de emoción!!

Mientras tanto, a nuestro alrededor todo es bullicio, por una puerta lateral sacan los premios para colocarlos sobre una mesa y las azafatas van colocando a los premiados y a sus acompañantes según vamos llegando. Se nos ha convocado a todos con tiempo suficiente para que cuando comience el acto todos estemos ya sentados. Al final se produce un pequeño revuelo cuando llegan las autoridades, se sientan en la primera fila y comienza el acto.

Realmente no se definir muy bien cómo me siento, por un lado estoy tranquila y por otro voy observando el escenario, apreciando los pequeños obstáculos que he de sortear. Tengo un pequeño tramo de escalones por bajar y observo que el escenario tiene dos escalones más, el segundo es el doble de alto que un escaló normal. Miro hacia mi derecha y veo a un escolta del presidente Page, decido que a él le pediré ayuda para bajar la escalera y subir así al escenario.

En este mundo de consumo, en el que se consumen artículos que duran dos días, la artesanía tiene poca cabida. Tan sólo nos dedicamos ello, un grupo de nostálgicos que nos negamos a ver desaparecer nuestro oficio, porque nos gusta, o en otros casos, porque tal vez con anterioridad, lo realizaron sus padres. 

Por eso y por mucho motivos más, que reconozcan el esfuerzo que supone intentar vivir del trabajo que produces con tus manos, es un lujo.

Comienza el acto y poco a poco van subiendo los premiados al escenario donde todas las autoridades nos esperan.

Cuando me senté estaba realmente tranquila, pero ahora que va pasando el tiempo y se va acercando mi turno, me voy poniendo más nerviosa. Nunca pensé que pudieran darme un premio tan importante y me ha pillado por sorpresa.

Ahora me toca a mí. Me levanto y al salir a la escalera echo mano del escolta, le pregunto que si puede acompañarme, muy amablemente así lo hace. Todos me felicitan y me dan la enhorabuena, el presidente me dice que sea la consejera de economía la que me de la placa, porque me llamo como su hija y le hace ilusión. Por lo tanto, ella es la que me entrega la placa, mientras que el presidente he hace entrega del diploma. Entre broma y broma recojo mis premios toda orgullosa. Al terminar, como pesan bastante las dos cosas, el presidente de los artesanos me acompaña a mi asiento y me lleva la caja y el cuadro.

Un acto bonito, en el que además de reconocimiento, recibo ayuda y solidaridad sin solicitarla.

Muchas gracias a todos. No puedo explicar el placer que siento.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.