miércoles, 29 de marzo de 2017

Un día especial.



                                            


Hoy por fin ha salido el sol.

Llevo unos días queriendo escribir, pero el jueves pasado tuve sesión de quimio y desde entonces mi mente está adormilada. Casi incapaz de hilar dos pensamientos.

Esta vez antes del tratamiento me hicieron una analítica completa para ver cómo voy evolucionando. En cuanto la vio el doctor me felicitó porque había recuperado gran parte de los niveles que antes tenía más bajos. Quedaron por saber los marcadores tumorales porque tardan varios días en ser analizados.

Pues bien, hoy he hablado con el doctor y me ha dicho que están en niveles normales, lo que significa que la medicación funciona y que estoy mucho más cerca de llegar a la meta.

No sé cómo se habrán sentido otros enfermos al escuchar la noticia, pero yo me he sentido rara, como el día en el que me dijeron que tenía cáncer. Como desorientada, porque no en vano, llevo casi 10 meses enferma. Sé que aún me queda mucho camino por recorrer, pero al menos, veo que todo el trabajo que estoy realizando para sanarme está dando sus frutos. Por supuesto, que estoy contenta, pero es una situación rara, formada por sentimientos contradictorios que impiden disfrutar completamente de la victoria.

Han sido unos meses de catarsis personal, de búsqueda de mi yo interno, de experimentar, de aprender, de intentar dilucidar qué quiero ser y hacer a partir de ahora. Aunque he de reconocer que no he llegado a grandes conclusiones, salvo que esta etapa no la considero como como una etapa de mala suerte, más bien todo lo contrario. He descubierto que uno puede padecer una enfermedad grave y ser feliz.

Estoy aprendiendo a mirar las cosas de otro modo, más pausado e interno. Dejando que el tiempo actúe y deje cada cosa en su lugar. Pero al mismo tiempo, sin parar de mirar y buscar aquello que realmente quiero.

Hoy por fin parece que ha llegado la primavera y con ella se desplega todo un mundo de posibilidades, de cosas por hacer y de aventuras por vivir. Aunque sigan siendo en compañía de revisiones y de pastillitas de colores. Seguiremos a delante, con nuestros médicos, con los enfermeros, con las familias, con los amigos, y con todas aquellas personas que nos quieren y animan.

¡Feliz primavera y que el sol nos ilumine a todos!


Hoy puede ser un gran día, plantéatelo así.


viernes, 24 de marzo de 2017

Simplemente gracias.

      De momento el Universo me ha traído hasta éste blog con todos vosotros.                    

                  


    Gracias al Todo, al Universo, a Dios, a la Naturaleza. Cada uno que elija el que quiera, para mí son todos lo mismo.

Gracias por traerme hasta aquí, hasta la enfermedad y su curación. En todo momento he pensado que esto no era otra cosa que una etapa más que deseaba superar y bajo esa premisa he actuado.

Gracias por toda las cosas que he aprendido con ésta etapa y por las cosas que me quedan por aprender.

Gracias porque poco a poco voy aprendiendo a discernir las cosas que son importantes y las que no. Por aprender a relativizar

Gracias por toda la gente que he descubierto que me quiere y aprecia, por toda su ayuda y apoyo.  Han sido conocidos, amigos antiguos y amigos nuevos que han surgido en esta nueva etapa. Para nosotros ha sido y sigue siendo muy importante. Para todos ellos mi infinito reconocimiento.

Gracias a mi familia. Cuando te diagnostican una enfermedad grave, no sólo se rompe tu paz interior, sino la de toda la familia. Es necesario replantearse un nuevo plan de acción, siempre sobre la marcha y esto puede llegar a ser muy estresante. Ellos han estado pendientes, sobretodo de nuestros hijos, algo muy importante para mi, quizás lo más importante. De ésta manera hemos conseguido que los niños vivieran la situación de la manera más natural posible, teniendo en cuenta que han estado treinta y cinco días sin verme y sin saber si iba a volver a casa o no.

Gracias a Pilar, una amiga que me ha llamado “la estrella que más brilla”, porque nunca había recibido un piropo más bonito.

Mil gracias a la vida porque me ha dado una segunda oportunidad. Siento que he cerrado una etapa y que comienzo otra nueva. No sé qué me deparará, lo que si sé es que se avecinan cambios. ¿Cuales?. Pues tendré que estar atenta a las señales, el universo me dirá por qué camino he de continuar.

Un saludo.

                

                                                                                                                                                                              Paula Cruz Gutiérrez.










miércoles, 22 de marzo de 2017

El amor en la enfermedad.

Este artículo lo escribí para publicarlo el día 14 de Febrero. Con él quise agradecer los cuidados y atenciones que recibí del personal del hospital durante el mes y medio que estuve ingresada. 





                       El amor en la enfermedad.


Hoy no voy a hablar de enfermedad, aunque no soy de celebrar el día de los enamorados este año es especial.

Los dos últimos dos meses han sido muy difíciles, he superado tres operaciones, una fuerte peritonitis con importante deterioro de los pulmones, dos días de fallo multiorgánico, pérdida total de la masa muscular por estar encamada y mil pruebas más. Cuarenta días en el hospital, treinta de ellos en la UCI, entubada y enganchada a un respirador.

 Ayer volví al hospital a varias revisiones y cuando terminé la última de la mañana, subí a la uci a ver a mis chicas (las enfermeras). Todo fue alegría, abrazos y muchos besos. Ellas encantadas de verme y yo plenamente agradecida por sus cuidados y ánimos durante el mes que estuve allí. Con algunas de ellas he llegado a tener una relación muy especial. Todos, salvo una, me han atendido con todo el cariño y el buen hacer del que eran capaces. Un millón de gracias.

Cuando uno está enfermo, tan importantes son los cuidados médicos como los afectivos y todo cariño es poco. Por eso desde aquí, quiero rendir un homenaje a todos los cuidadores, en especial al mío. Mi marido ha estado en todo momento a mi lado. Desde los primeros días en los que permanecí sedada hasta los últimos ya en la habitación. Todos los días se hacía trescientos kilómetros para ir a pasar la mañana conmigo y por la tarde volver a casa para estar con nuestros hijos. En todo momento ha tenido esperanza y ha confiado en mí, a pesar de los malos augurios de los médicos que me daban pocas horas de vida. Se sentaba a mi lado y me hablaba, con la esperanza de que yo dormida, le escuchara. Para mí, fue muy duro estar más de un mes sin ver a los niño pero él intentaba hacérmelo más llevadero, me llevaba fotos, por las noches grababa audios mientras mi hijo leía el cuento para que yo lo escuchara, mil y un detalles que me hacían los días más llevaderos.

Por eso hoy, quiero rendir un homenaje a todos los cuidadores, porque son los grandes olvidados. Debemos aprender a valorarlos y a quererlos, porque sin ellos muchos enfermos no sobrevivirían ni dos días. Por favor, cuando vayáis a visitar a un enfermo, preocuparos también por el bienestar del cuidador.

Son la clave de nuestra sanación.
                                                                                                       
                                                           Paula Cruz Gutiérrez.

lunes, 20 de marzo de 2017

No todos los días son iguales.

 Esta entrada la publiqué en el mes de diciembre sin saber que lo peor estaba por llegar. 




                   No todos los días son iguales.


No vayáis a pensar que estos meses han sido fáciles. He tenido días de todo tipo, unos buenos, otros malos y otros muy difíciles. Tanto física como anímicamente. He intentado mantenerme positiva, pero no todos los días lo he conseguido. Aunque no deseemos tener días malos, también son necesarios y debemos permitírnoslos.

Nuestra energía suele estar más baja de lo habitual, debido a la enfermedad, a la quimioterapia y a la cirugía. Habrá días que no podamos levantarnos, pero hay que pensar que el cuerpo es sabio y que la poca energía que tiene la emplea en sanarnos, no en permitirnos caminar.

Es duro enfrentarnos a los efectos secundarios de la quimioterapia. En mi caso después del tratamiento paso una semana complicada, aunque con ayuda de la acupuntura he conseguido paliar un poco los esos efectos. Pero hubo algunos días en los que creí no poder aguantar tanto dolor.

Otro de los peores días, fue cuando comenzó a caérseme el pelo. Ya sé que es lo habitual, pero ese momento en el que noté que comenzaba a caerse a mechones fue brutal. Lloré y lloré.

El cambio de dieta también supuso otro punto de inflexión, porque al cuerpo siempre le apetece comer aquello que no puede. He intentado ser constante, pero aun así, alguna vez me concedo un extra. Tampoco es cuestión de autoflajelarse.

Como veis el ánimo hay días en los que está a ras de suelo, pero eso no debe impedirnos llevar a cabo nuestro propósito de sanación. Todo el mundo tiene días malos, incluidos nosotros.

Además, otro factor a tener en cuenta, es que si nosotros estamos relativamente animados, todo nuestro entorno también lo estará. Esto es algo muy importante a tener en cuenta.

Un saludo. 

domingo, 19 de marzo de 2017

El pelotón del sufrimiento...

Este artículo lo ha escrito una enfermera y lo comparto con vosotros  porque me ha gustado mucho.

El pelotón del sufrimiento

Son fáciles de reconocer. Normalmente son muchos y los verás a la hora de las visitas, que suelen ser 2 veces al día, en la sala de espera de la UCI, o en los pasillos cercanos.
Se amontonan por grupos, y si te acercas a ellos los oirás haciendo una réplica del “pase de visita”, en lenguaje entendedor y claro, pero sobre todo muy cargado de emociones. Hablan como portavoces. Son los que hacen la “traducción simultánea” de lo que les han dicho el intensivista, el especialista o la enfermera referente, cuando entraron la anterior vez.
Y cuando llega el fin de semana son muchos más, y se reparten ordenadamente, para seleccionar quien puede entrar a ver a su ser querido.
Unos entran, otros se quedan fuera. Unos salen a fumar, otros permanecen en silencio. Unos contenidos, otros sollozando. A los que van llegando les verás besándose o sumidos en fuertes abrazos con el resto del pelotón.
Porque la situación es muy límite, porque la persona a la que quieren se está debatiendo entre la vida y la muerte, en muchas ocasiones.
El pelotón del sufrimiento les llamo.

Normalmente son el pelotón del sufrimiento, en una cuerda floja. No sé si los habéis visto, pero fijaros en ellos.
Cuando ves corrillos de gente joven, cuando son adolescentes, o cuando ves a una pareja llorando, rodeados de ellos, entiendes que el protagonista está en una edad en la que el sufrimiento viene de pronto a picar a una puerta inesperada.
Son los protagonistas secundarios de una historia que no siempre acaba bien. Son fugaces, aparecen y desaparecen. A determinadas horas del día siempre están allí. Suelen ser de diferentes grupos generacionales. Sus caras van cambiando. El pelotón es substituido por otro, a veces en cuestión de horas, pero en otras ocasiones pueden ser días o semanas.

Van y vienen.
Yo también he formado parte de uno de ellos. He permanecido de pie, porque no había más sillones donde sentarse, he salido a sentarme en las escaleras, o a pasear por el pasillo. Hay pelotones que cuentan las baldosas de los pasillos del hospital, lo sé, porque les he oído contarlas y luego otro pelotón sale a comprobarlo, sobre todo si hay niños. Los niños, los olvidados del pelotón. Pero que si están, hay que cuidarlos. De eso se encarga el pelotón también.
Recuerda que todos podemos estar. Un buen día puedes formar parte del pelotón, sin más.
Y llegarás a las horas de visita, bueno, llegarás un poco antes para poder oír el pase de visita informal.
Llegarás antes, para besar y abrazar.
Llegarás antes, sobre todo si hay niños, adolescentes o personas mayores, para organizar el pelotón.
Llegarás antes, para unirte al pelotón.
Cuando trabajas en un hospital es fácil reconocerlos. Los puedes localizar en una determinada zona del hospital, o en el ascensor o la cafetería les oirás hablar.
Una vez que formé parte del pelotón. Tomé una única fotografía, aunque en esos instantes, cuando formas parte del pelotón no puedes fotografiar.
Pero ya estaban contadas todas las baldosas del pasillo… y ya se precipitaba el final. Es una foto que curiosamente no sé dónde la guardo… pero guardo la imagen en mi retina, que nunca desaparecerá.
El pelotón del sufrimiento la titulé, y hoy no os la puedo mostrar, sólo os la he podido contar.
                                              Maite Castillo. Enfermera y fotógrafa
                                                                                18 Marzo, 2017

jueves, 16 de marzo de 2017

Las Secuelas.


Después de mantener una conversación con mi amigo Javier, se me ocurrió escribir éste texto.




Las Secuelas.

Hay pacientes que años después de haber superado la enfermedad siguen atados a ella sin superar las secuelas que les han quedado. No son conscientes de que lo más importante es que están vivos y de que las secuelas son tan sólo recordatorios de que debemos seguir viviendo.

Es cierto que algunas de ellas son muy importantes y que pueden llegar a limitarnos el día a día, pero no por ello debemos dejarnos arrastrar.

Creo que ésta opción se debe a que no han terminado de aceptar la enfermedad. Si eres una de esas personas, siéntate un día tranquilo/a, en silencio y aprende a aceptar tu situación, perdónate si crees que debes hacerlo y piensa que lo difícil ya ha pasado, que ahora es el momento de retomar tu vida y seguir delante de la mejor manera que consideres oportuno.


Si necesitas apoyo, búscalo, da igual que sea en un especialista que reuniéndote con gente que haya pasado por un trance semejante. Descubrirás que hay casos más leves y otros más difíciles que el tuyo y que como tú, lo han superado. Sal al exterior porque te ayudará a abrir la mente y no pensar sólo en tu “desgracia”.

Busca o retoma actividades que te gusten hacer, es la hora de ocuparse de uno mismo y disfrutar.

Sincérate, quiérete y céntrate en las cosas que has aprendido con tú experiencia, porque seguro que has aprendido muchas cosas, como que somos más fuertes de lo que en realidad nos creemos.

Ven y camina conmigo un rato, un tramo tan sólo y hablamos después. 
Mira la suela de mis zapatos, no están gastados y me viste correr
Bunbury


Caminad  o corred, pero seguros, sin miedo.


                                                                 Paula Cruz Gutiérrez.


miércoles, 15 de marzo de 2017

Adiós, amigo adiós.

     Este es el segundo texto que publiqué en el mes de diciembre pasado.

     Mi querido amigo, compañero de viaje... te deseo lo mejor. Hemos comenzado un viaje juntos, hoy nuestros caminos deben separarse.

                                                                                                                                                                   
Adiós amigo, adiós.

         Querido cáncer:

    Te escribo ésta carta para decirte adiós, deseo que te marches lo antes posible.

Pero antes de la despedida, quiero darte las gracias por todo lo que hemos compartido éstos últimos meses.

Me has enseñado tantas cosas y tan importantes, que siempre te estaré agradecida.

Aprendí que nadie debe luchar contra ninguna enfermedad o problema. Lo primero es aceptar la situación y después ver las opciones que tenemos para sanarnos.

Que cuando uno emprende una lucha o batalla es porque tiene un enemigo y que nunca debemos considerar al cáncer cómo tal, al ser parte nuestra por estar alojado en alguno de nuestros órganos. Si decidimos luchar y vamos a combate tendremos muchas más posibilidades de perder que de ganar, él es un enemigo demasiado fuerte. Por lo tanto, ¿porqué no cambiar nuestro punto de vista y verlo simplemente como otra situación más que vamos a superar?. Si mantenemos el control de la situación habremos ganado gran parte del terreno a conquistar. Nuestra aptitud es lo que realmente nos sana.

También he aprendido mucho sobre alimentación. Para evitara comer aquellos alimentos que te aportan energía y te permiten crecer. De ésta manera, he conseguido debilitar tus células.

He aprendido a proyectar, imaginando una y mil veces cómo desaparecías, cómo la quimio mataba tus células y cómo células de los demás órganos continuaban vivas y felices. He visualizado otras mil veces a mis glóbulos rojos reproduciéndose, para hacer retroceder la anemia.

En fin, han sido y son tantas las cosas que he aprendido en tú compañía que te deseo un buen viaje.

Adiós.
                                                                  Paula Cruz Gutiérrez.
 

domingo, 12 de marzo de 2017

RE-Vivir!




Con éste texto comienzo ésta nueva andadura, mi propio blog. 

Los primeros textos los he ido publicando en el blog de una amiga. Es médico y un día después de mantener una conversación telefónica, me dijo que debería contar a los demás cómo estaba llevando la enfermedad. Así fue como comencé de nuevo a escribir. 

Vivir! ésto no se acaba todavía.

Un intruso decidió instalarse en mi ovario, lo hizo de manera cobarde, en silencio y nadie sabe cuándo sucedió. Vivió agazapado, parasitándome poco a poco, invadiendo toda mi cavidad abdominal. Tan sólo dio la cara cuando la gravedad ya era demasiada. Su estadío, el 4.

Al conocer la noticia me quedé en estado de shock. Y aún me mantuve así una temporada entre que me sometían a cirugía y llegaban los resultados finales. Cuando éstos llegaron hubo que tomar una decisión. En realidad fueron varias. La primera fue decidir que iba a salir adelante, que no pensaba morir.  La segunda, la de buscar toda la información y los recursos necesarios para llevar a cabo la primera idea.

En los momentos en los que el ánimo flojeaba me imaginaba la cara de mis hijos sin mí y volvía a recuperar las fuerzas.

Es complicado, pero hay que intentar tomar las decisiones adecuadas al principio, aunque lógicamente habrá que seguir tomándolas durante todo el proceso.

Yo decidí cerrar el camino a la rabia o al enfado pensando el porqué me había tocado a mí. Consideré que estas preguntas sin respuestas sólo me llevarían a meterme en una dinámica de desánimo que no me ayudaría a superar la enfermedad.

Por el contrario, decidí enfrentarme a la situación sin rencor, sin luchar contra él, porque pensé que quisiera o no, el cáncer era una parte de mí, y si luchaba contra él, lucharía contra mí misma. Por otro lado, creo que cuando luchas contra algo lo legitimizas y le das poder, yo no deseaba esto. En todo momento he querido ser yo la dueña de la situación. Nada de lucha, pero por supuesto, haciendo todo lo posible para que desaparezca, pero siempre con amor, sin darle tregua ni fuerza. La fuerte soy yo no él.

Y con ésta filosofía van pasando los meses y contra pronóstico, voy avanzando y él retrocediendo, mucho más rápido de lo esperado.





                                                                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

sábado, 11 de marzo de 2017

Presentación.



Me llamo Paula Cruz Gutiérrez. Nací en Mota del Cuervo, un pueblo de la provincia de Cuenca, en plena Mancha.

Siempre me ha interesado el mundo del arte, la música, la lectura y viajar.

Estudié Conservación y Restauración de Documento Gráfico así como Encuadernación Artesanal y trabajo desde el estudio que tengo en casa.    

Desde el mes de Julio del 2016 convivo con un cáncer de ovarios en un estadío 4. Con la enfermedad y todo su proceso he aprendido muchas cosas, intentando en todo momento quedarme con lo bueno de la situación.

Durante mi enfermedad he retomado la afición por escribir, como una especie de terapia personal. En los textos plasmo mis sentimientos y cómo voy afrontando la enfermedad, en aras de conseguir mi curación.

Y también escribo con la esperanza de que mis aprendizajes puedan ayudar u orientar a los demás.

Comenzaré publicando los textos por orden cronológico, aunque me consta que muchos de vosotros ya los habéis leído.

Gracias por acompañarme.