lunes, 20 de marzo de 2017

No todos los días son iguales.

 Esta entrada la publiqué en el mes de diciembre sin saber que lo peor estaba por llegar. 




                   No todos los días son iguales.


No vayáis a pensar que estos meses han sido fáciles. He tenido días de todo tipo, unos buenos, otros malos y otros muy difíciles. Tanto física como anímicamente. He intentado mantenerme positiva, pero no todos los días lo he conseguido. Aunque no deseemos tener días malos, también son necesarios y debemos permitírnoslos.

Nuestra energía suele estar más baja de lo habitual, debido a la enfermedad, a la quimioterapia y a la cirugía. Habrá días que no podamos levantarnos, pero hay que pensar que el cuerpo es sabio y que la poca energía que tiene la emplea en sanarnos, no en permitirnos caminar.

Es duro enfrentarnos a los efectos secundarios de la quimioterapia. En mi caso después del tratamiento paso una semana complicada, aunque con ayuda de la acupuntura he conseguido paliar un poco los esos efectos. Pero hubo algunos días en los que creí no poder aguantar tanto dolor.

Otro de los peores días, fue cuando comenzó a caérseme el pelo. Ya sé que es lo habitual, pero ese momento en el que noté que comenzaba a caerse a mechones fue brutal. Lloré y lloré.

El cambio de dieta también supuso otro punto de inflexión, porque al cuerpo siempre le apetece comer aquello que no puede. He intentado ser constante, pero aun así, alguna vez me concedo un extra. Tampoco es cuestión de autoflajelarse.

Como veis el ánimo hay días en los que está a ras de suelo, pero eso no debe impedirnos llevar a cabo nuestro propósito de sanación. Todo el mundo tiene días malos, incluidos nosotros.

Además, otro factor a tener en cuenta, es que si nosotros estamos relativamente animados, todo nuestro entorno también lo estará. Esto es algo muy importante a tener en cuenta.

Un saludo. 
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