sábado, 5 de agosto de 2017

lOS gRANDES vIENTOS.




Con los años he aprendido que los vientos viajan sin cesar. Unas veces se muestran huracanados, mientras que otros son simples murmullos que nos acercan dulces voces cercanas a veces y más lejanas en otras. El aire, el viento, la brisa, siempre forman parte de nuestras vidas, aunque nosotros no les prestemos atención en la mayoría de las ocasiones.

Estos vientos, bagan recorriendo el mundo, vigilantes, analizando a las personas al pasar, sabiéndose sabios. Por eso, cada cierto tiempo vuelven cargados de nuevo con voces que se perdieron en el recuerdo y que tal vez nunca debieron olvidarse.

Esta semana volvieron los vientos calurosos del mes de agosto. Sin darnos una pequeña tregua frente al inmenso calor.

Vinieron cargados de dolores, de malestar general y de tensiones arteriales alteradas, pero también me trajeron las voces susurrantes de dos antiguos amigos a los que los mismos vientos se llevaron hace mucho tiempo. 

La primera de las voces venía cargada de recuerdos agradables, de fiestas y conversaciones al anochecer, de risas y de cervezas sentados en un banco del parque o de salidas por el barrio de Malasaña con la música de A-ha a todo volumen por las calles de Madrid.

La segunda voz por el contrario, venía mezclada con recuerdos desagradables del pasado en el pueblo.

Pero los vientos con su eterna sabiduría me pidieron que la escuchara. Y lo hice de manera pausada, como quien abre una caja de regalo con cautela, sin saber qué se encontrará en su interior. Mi corazón aliado de los vientos me dijo que no temiera que hacía lo correcto. Y así fue cómo me reencontré con un conocido al que yo apreciaba hace muchos años, un joven bonachón, sonriente y muy educado por aquel entonces. Tras abrir la caja descubrí que después de tantos años sin vernos no ha cambiado mucho.

Le doy las gracias a los vientos porque con sus incesantes viajes siempre vienen cargados de amor, da igual del que sea porque hay mil clases, una para cada uno.

Sed flexibles y dejad que los vientos entren y salgan en vuestras vidas, porque con ellos descubriréis y aprenderéis muchas casas.



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.
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