domingo, 21 de mayo de 2017

MI CENTINELA.



Hace  tiempo  que  vivo con un centinela que vigila todos mis movimientos. Un centinela privado al que yo trato de ignorar. Permanece callado, cual soldado, esperando siempre el momento más oportuno para actuar.

Si por él fuera gobernaría mi vida, pero sabe que yo no estoy dispuesta a ello. Por lo tanto, actúa en contadas ocasiones, cuando bajo la guardia o a través de los comentarios negativos de otras personas. Entonces me atosiga, susurándome palabras de desaliento. 

Es persistente y no se rinde con facilidad. Viene despacio y me habla con su voz pausada en ese momento, yo intento no escucharle. Si lo hiciera, creo que mi vida se convertiría en un infierno, porque se apoderaría de mis pensamientos, de mis días y de mis noches. 

Entonces desaparecerían todos mis sueños, aquellos por los que trabajo todos los días, desde que me levanto hasta que me acuesto.

Mi intención es la de vivir libre, sin ataduras ni complejos. Vivir la vida con lo bueno y lo malo, con mis dudas y mis indecisiones. 

Tengo claro que uno nunca puede ser feliz si vive con temor. 

Ceder al MIEDO es perder el control. Por eso, cuando se asoma, rápidamente lo alejo, pensando que todo está perfecto.

Intentad que nunca se apodere de vosotros. 



                                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

miércoles, 17 de mayo de 2017

Volar y volar.




Volar y volar apoyándonos en las ramas que nos ofrecen cobijo.

Todos tenemos personas que nos apoyan, aunque con la primera persona que deberíamos contar es con nosotros mismos. Nadie está realmente sólo a no ser que quiera estarlo.

Estas personas se convierten en nuestras ramas de apoyo. Algunas veces están cerca y podemos verlas con frecuencia. Mientras que otras están más lejos y tan sólo podemos hablar con ellos por teléfono. Pero todas las ramas y todos los árboles, cumplen por igual su función de apoyarnos y darnos ánimo.

Da igual que el número de ramas sea grande o pequeño, lo importante no es la cantidad, sino la calidad. 

Ellos, aunque no lo sepan, suelen tener la madera igual o más dura que la nuestra. Porque así, pueden sobrellevar mejor nuestras embestidas cuando tenemos días malos e intentar animarnos si decaemos. 


La suya no es una tarea fácil. 

Cuando uno tiene una enfermedad que se alarga en el tiempo, es importante tener personas a tu lado que se ocupen de ti, que te acompañen a recorrer el sinuoso camino que nos ha tocado. Porque hay días que pasan deprisa, mientras que otros se hacen eternos e incluso los hay que son camaleónicos y nos ofrecen las dos posibilidades, comenzando de una manera y acabando de otra totalmente distinta.

Por otro lado no todos los enfermos somos iguales,  mientras unos intentan hacer más llevadera la enfermedad y la de sus ramas de apoyo, otros le hacen la vida imposible al árbol entero, a todos los que tienen a su alrededor. Hay que ser consciente de que nuestro estado de humor va a condicionar el de toda la familia. ¿Y no es más agradable vivir en un bosque que en un páramo?. Si nos trasladamos a vivir al páramo o un desierto, tan sólo conseguiremos disminuir nuestra calidad de vida. 


Esto, no quiere decir que no nos permitamos tener días malos. Esos días podremos permanecer acurrucados en nuestro nido. Pero cuando pasen, hemos de remontar y volar lo más alto posible.

Volar y volar es lo único que podemos hacer cada día. 

Espero que vosotros también tengáis vuestras ramitas especiales.

Dedicado a mi grupo de Oncofelices.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.



domingo, 14 de mayo de 2017

Las Historias de Alex.

Mi hijo de 6 años ha escrito éstas historias y me ha pedido que las publicara igual que las mías. 




Esta mariposa vuela y vuela sin parar. Y a lo mejor se puede cansar y parar.
Vuela la mariposa encima de la cabecita de mamá y de papá.
Y luego se va de sus cabezas.
Colorín colorado éste cuento se ha acabado.



La hormiguita anda y anda por el bosque. Después va a merendar a su hormiguero y se come una planta, luego sale de su hormiguero al parque y luego ve a su amigo hormiguita Adrián con el que juega al futbol.
Y colorín colorado éste cuento se ha acabado.




El pez ve un coral y se lo lleva a su madre que está malita. Y luego le da un vasito de agua fresquita. Después se va a jugar a la casa de su primo Rafa y su prima Sofía.

Colín colorado éste cuento se ha acabado.


Me llamo Alex y soy el niño que se ha inventado estas historias.






sábado, 13 de mayo de 2017

Un caracol.

Este texto se lo dedico a dos amigas, Rosa y Pilar.
Por sus respectivos cumpleaños. Un beso hasta Huesca.



Ultimamente estoy muy cansada, aunque en honor a la verdad, debería decir que estoy agotada. Mi cuerpo ha decidido no llevarme a ningún lugar. El último ciclo de quimio me ha cobrado un mayor peaje que los anteriores.

Mis fuerzas y mis defensas se han ido de vacaciones, si bien es cierto, que no sé si juntas o por separado. Si he de ser sincera, creo que se han apuntado a algún programa de intercambio vacacional, porque en su lugar, han llegado unos sofocos del tamaño de huracanes que me arrasan sin piedad. Las noches las paso entre sudores fríos y calientes, secándome con la toalla y cambiándome de camiseta cuando me quedo helada para no acatarrarme.  

Hoy al salir a pasear, me he encontrado a un amigo al que le han colocado una prótesis de cadera, caminaba con las dos muletas mucho más deprisa que yo sin ninguna, porque mi velocidad de crucero, es velocidad caracol.

He de reconocer que voy haciendo pequeños progresos. Mi cuerpo va poco a poco recuperando la musculatura que perdió, aunque aún me quede mucho tiempo para recuperarla del todo y poder llevar una vida normal. Ya ni siquiera digo trabajar, porque las manos me tiemblan sin parar.

Como con el ciclo anterior ya se me cayó bastante pelo, pensé que ya no se me caería más, craso error por mi parte pensar eso, la semana pasada comenzó a caerse en grandes cantidades y pensé que a ese paso no me iba a quedar ningún pelo, ni de lista ni de tonta. Y así estamos. como veréis todo muy divertido y ameno.

A veces es necesario tirar de ironía para hacer más llevaderos los momentos difíciles.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.



miércoles, 10 de mayo de 2017

Teresa.


Teresa es en realidad un bebé orondo y feliz que nació en enero.
El texto de hoy cuenta la historia de su tía. Cómo sé cuanto la quiere le he puesto su nombre.    


                      

El sábado, tuvimos el placer de pasear con nuestra amiga, la tía de Teresa.

Hace casi veinte años comenzó siendo mi jefa en el museo al que entré a trabajar como restauradora, desde hace casi los mismos años es mi gran amiga.

Cuando la miras lo único que ves son sus ojos traviesos sonriendo al mismo tiempo que su boca. Es una enorme sonrisa pegada a dos enormes brazos que te succionan y te abrazan como si se fuera a terminar el mundo. Estar allí siempre es reconfortante.

Físicamente tan sólo el pañuelo que le cubre la cabeza delata su enfermedad.

Vital por naturaleza, es incombustible, afortunadamente la quimioterapia no le ha afectado demasiado e intenta hacer una vida “normal” dentro de lo que le deja la enfermedad.

Ahora que no puede trabajar invierte el tiempo en descansar y pasear, en estar con su familia y amigos.

Esta semana estrena nuevo ciclo y nueva quimio, espero que le siente tan bien cómo la anterior.

Mujer culta donde las haya, no acabarás nunca la visita sin aprender nada nuevo. Es un placer conversar con ella, escucharla cómo enfatiza o cómo sonríe al escuchar cualquier comentario. Es imposible aburrirse con ella y no terminar la conversación con una sonrisa y con las ganas de quedarte más tiempo a su lado.

El cáncer no le ha quitado ni un ápice de las enormes ganas de vivir que siempre ha tenido.

Ha aceptado la enfermedad con serenidad y entereza, con una sonrisa por bandera. Aunque todos sabemos que la "procesión va por dentro"

Sabe que vendrán días mucho peores, pero lo afronta con amor y esperanza en que todo irá bien, cómo han ido hasta ahora.

Está segura de que superará la enfermedad, con esa certeza ciega que sólo tienen los sabios.

Desde el Retiro con amor y por muchos paseos más. 

Tu amiga.



                                                                                    Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 2 de mayo de 2017

Ventanitas al Cielo.


Me parece comprensible que haya enfermos a los que no les guste contar sus días buenos y sus días malos. Cada uno vive la enfermedad cómo cree mejor.

Para mí, es una buena terapia compartir mis reflexiones. Contar lo bueno y lo malo de mi enfermedad me ayuda a llevarla con mayor tranquilidad. La escritura es mi desahogo personal.


Más allá de las letras amontonadas de mis textos, hay un trabajo ingente por salir adelante, por superar la enfermedad, hay una terapia que afortunadamente me sirve a mí y a mucha gente más.

Hay ilusión, por transmitir mis sentimientos, pero también los de otras personas que no saben muy bien cómo hacerlo.

Hay un ejercicio de solidaridad con los demás, de ofrecerles mi ayuda de forma desinteresada, para que puedan curarse o afrontar sus problemas cotidianos viéndolos desde otra perspectiva.

Hay esperanza y convicción en que el futuro tan sólo me traerá cosas buenas, porque el presente ya lo está haciendo. Y lo hace cada día con la gente que conozco y la que no conozco, con sus comentarios y sus agradecimientos. Un ejercicio de humildad, porque muchas veces recibo mucho más ánimo del que doy. Unicamente intento contar todo aquello que me está sucediendo. Y que sólo nosotros sabemos porque ésta enfermedad se vive en soledad. Son tantas las cosas y tan fuertes las que nos ocurren al mismo tiempo, que no sabemos bien cómo gestionarlas o cómo hacerlas un poco más llevaderas.

Con mis palabras tan sólo pretendo crear pequeñas ventanitas abiertas al cielo, por las que poder coger aire cuando éste nos falta, cuando vemos que no tenemos fuerzas para respirar, ni para seguir viviendo. No es mucho lo que ofrezco, pero a veces, tan sólo con ver respirar al compañero uno se anima a hacerlo.

Hay tantas cosas detrás que merece la pena seguir contando. Porque el cáncer es una enfermedad, no un delito y que me den quimio no es ninguna vergüenza. 
 
                               
Mucho me temo, que pese a todo, seguiré escribiendo. El mundo es libre y nosotros somos muchos.

Recordad que os quiero.



                                                                    Paula Cruz Gutiérrez.









viernes, 28 de abril de 2017

La Rosa de los Vientos.

    

 


    Estoy sentada a la sombra del molino.

   Mi mente fantasea pensando qué hubiese ocurrido si yo hubiera nacido en otro lugar. El Balcón de la Mancha lo llaman, porque desde aquí se puede contemplar gran parte de la extensa llanura manchega.

   Mis raíces nunca fueron demasiado profundas y un día en el que aparecieron grandes vientos para mover las aspas yo volé con ellos. No fui muy lejos, lo suficiente para que mis ansias de libertad encontraran acomodo.

    El viento me llevó de un lugar a otro y yo me dejé arrastrar. Mi alma nómada descubrió otras gentes, otras culturas y otros muchos paisajes. Los viajes, las personas que conocí fueron dejando su huella, pequeños granitos de arena con los que rellenar mis bolsillos. Algunos resultaron ser simples piedras sin pulir que me vi obligada a dejar en el camino, sin embargo, otras personas emergieron como pequeñas piedras preciosas que se acoplaron a mí a la perfección. Esas piedras brillantes aún iluminan mi presente.

   Durante mis años fuera resistí tormentas, tiempos en calma y pequeñas brisas que me acariciaron el rostro.

   Aquellos grandes vientos volvieron de nuevo para traerme de vuelta, me resistí, pero de nada me sirvió. Eran vientos huracanados y me arrastraron con fuerza.

   Volví a aterrizar en el mismo lugar, pero nada tenía que ver ya con la persona que un día voló. Había saboreado la libertad y volver al redil familiar se me antojaba imposible.

   Aquí la vida me deparó más sorpresas, porque el que es viajero e inquieto, es incapaz de permanecer cinco minutos quieto. Los vientos siempre dominaron mi vida para bien o para mal y siguen haciéndolo. Cuando me trajeron la última tormenta me vi obligada a capearla, intentando mantener la calma para que mi barco no naufragara. Ahora que remite el temporal seguiré mi marcha, inquieta por naturaleza y la vida me seguirá trayendo nuevos vientos con los que jugar.

   Hoy estoy aquí, mañana, mañana ya veremos...

 Intentaré estar atenta, para que cuando los grandes vientos vuelvan me pillen preparada para volar de nuevo.




                                                                    Paula Cruz Gutiérrez.

lunes, 24 de abril de 2017

Desde aquí arriba…

                                                 

Desde aquí arriba, la mirada se pierde en el horizonte. Puedo ver cómo la naturaleza fluye a mi alrededor, cómo el sol se refleja sobre la superficie salada de la laguna, desprendiendo miles de destellos plateados. Todo es quietud, la naturaleza no sabe de prisas.

Desde aquí arriba, puedo vislumbrar mi vida. Pasado, presente y futuro, éste ayer incierto y hoy mucho más cierto.

Puedo observar mi cuerpo, antes joven y terso. Otrora maduro. Ver todas aquellas huellas que el paso del tiempo ha ido dejando y que conforman mi historia.

Puedo sentir cómo por mis venas corre la quimio, junto con la fiebre, las nauseas, los dolores y los desesperos.

Ahí abajo puedo ver cómo transcurre la vida. Cómo mis hijos juegan felices, sonrientes, completamente ajenos al desasosiego que me inunda. 

Sus risas se confunden con el murmullo del viento, con los cantos de las  aves que sobrevuelan la laguna. Junto con ellos la brisa arrastra hasta aquí, aromas de tierra y pinos. El olor del campo.


Desde aquí arriba la vida se me antoja corta, dura e intensa. Se me presenta de múltiples colores, olores y sabores por descubrir. 

Momentos cortos o largos que conforman nuestra cotidianeidad. Recuerdos que nos alimentan por dentro y nutren nuestra memoria. Instantes que nos traen felicidad y nos ayudan a tomar impulso para conformar nuestros días.

Desde aquí arriba he descubierto un lugar privilegiado, donde el tiempo y el espacio se funden, nada condiciona ya mi posición, estoy tranquila. He aprendido a mantenerme firme y viva.

La enfermedad me colocó aquí arriba y desde aquí continuaré observando.

Desde aquí arriba, la vida se me antoja puro amor, para dar y tomar.

Porque todos somos merecedores de ello.

Como final, os confieso que escribo desde abajo, porque aún, no puedo subir las escaleras.

Un beso.

viernes, 21 de abril de 2017

El viaje.

Hoy es nuestro décimo aniversario de bodas.

Me ha parecido un buen día para contar parte de nuestra historia.


                                             


Un día ya lejano, mi marido y yo decidimos emprender un viaje.

No se trataba de un viaje cualquiera, era un viaje en busca de la maternidad y como único equipaje llevábamos nuestra ilusión. Pero resultó ser un viaje arduo, lleno de impedimentos, de negativas y de desánimo.

Yo siempre fui una de esos millones de mujeres que padecían Endometriosis. Una mujer más a la que nunca le administraron ningún tratamiento y que aguantó año tras año el dolor y las molestias de la enfermedad. Ni tan siquiera después de operarme debido a una obstrucción intestinal provocada por la misma endometriósis. Con el paso de los años llegó la infertilidad.

Nunca quise ser madre estando sola, porque me parecía demasiada responsabilidad tener que educar a otro ser humano. Pero cuando me casé la cosa cambió y para entonces ya era demasiado tarde.

Así con todo, nos pusimos de pruebas, de estimulaciones ováricas para realizar fecundaciones artificiales. Todos nos hablaban de los beneficios del procedimiento, pero nadie nos explicó los posibles efectos secundarios a largo plazo.

Me sometí a estimulaciones para ser madre, después para tratarme las enormes hemorragias mensuales que me provocaban cansancio y anemia. Hormonas y más hormonas que estoy convencida que me han llevado hasta el cáncer. Ya sé que éste no es un dato científico ni está abalado por ningún estudio, pero creo sinceramente que en mi caso ha sido así.

Al mismo tiempo que intentábamos quedarnos embarazados, decidimos solicitar la adopción de un niño nacional. Fuimos a servicios sociales a informarnos y además de la adopción, nos hablaron del programa de acogimiento familiar porque entonces ambos programas eran compatibles. Cuando volvimos entregamos las dos solicitudes para ambos programas.

Así unos meses después nos convertimos en padres de acogida, de una niña de un año, que nos hizo padres de repente. Un año después llegaría el segundo bebe de tan sólo un mes.

Al final llegó nuestro hijo biológico tras un embarazo complicado y a los dos años, nuestra hija adoptiva.

Y cuando me preguntan que si tengo hijos, siempre digo lo mismo, que no deseaba tener, pero al final he acabado siendo madre de todas las formas posibles: biológica, adoptiva y de acogida. 

¡A mí que me daba miedo educar!.

No voy a pediros que renunciéis a vuestro sueño de ser madres, pero si quiero rogaros que tengáis cuidado, que seáis lo precavidas que yo no fui.


                    


                                                                                                                Paula Cruz Gutiérrez

martes, 18 de abril de 2017

El Final del Túnel

                                      


Ayer lunes 17 de Abril, me tocó volver al hospital. Tuve tres consultas, la analítica de rigor y las 6 horas de tratamiento de quimio. Un día agotador, como todos los que nos toca ir. El hospital está a 150 km de casa, por lo que tenemos que madrugar y después  volvemos más tarde. Pero ya sabemos que esa es nuestra rutina desde hace meses.

Pero ayer no fue un día cualquiera.

Cuando llegamos a la consulta de oncología, nos sentamos en la sala de espera. Al rato, me llamó el doctor y pasamos al despacho, allí me esperaba de pie, me recibió con una sonrisa y me dio dos besos. Nos sentamos los tres y me preguntó cómo me había ido el ciclo anterior, yo le conté todo lo que me había ocurrido y dolido. Posteriormente y tras revisar las últimas pruebas me comentó que si el resultado del TAC que me prescribía era satisfactorio, la de ayer sería mi última sesión de quimioterapia.


Nos despedimos con otros dos besos y un gracias.

Que fuera mi última sesión era precisamente mi idea. Una idea que llevaba visualizando desde hacía tiempo y aunque los demás me decían que no fuese con ninguna idea fija, que el doctor haría lo que creyera conveniente, yo en mi interior seguía pensando lo mismo.


Así pues, si salgo "guapa" en el TAC, habré conseguido pasar la primera fase contra todo pronóstico médico. He invertido en ello nueve meses desde que me diagnosticaron el cáncer, con cuatro intervenciones quirúrgicas de por medio y una grave peritonitis. Pero me propuse salir, con la ayuda de la medicina y de mi trabajo mental, lo he conseguido.

Parece mentira, pero pasito a pasito voy dando pasos de gigantes.

A todos aquellos que me dicen que estoy teniendo suerte, yo les digo que la suerte no existe, existen la medicina y nuestro trabajo interior. Que hay que creer en nosotros mismos y en las cosas que queremos, creer en los milagros porque si nos lo proponemos somos capaces de crearlos.

Salud para todos.



                                                                                            Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 13 de abril de 2017

Una tesis doctoral.


Medio en broma, medio en serio os cuento mis reflexiones.


                       


Si alguno de vosotros necesita un tema especial para realizar su tesis doctoral, me ofrezco voluntaria. Cada día estoy más convencida de que soy “un rara avis” digno de estudio y que algún científico debería plantearse esa posibilidad.

Es cierto que estoy pasando por un proceso difícil.

Que he estado entre la vida y la muerte, pero ya ha pasado y ahora afronto el futuro con ilusión.

A veces, la vida nos muestra hechos aparentemente incongruentes.

Te pone en el filo de la navaja con la enfermedad, pero al mismo tiempo ésta te enseña a ser feliz. En mi caso, mucho más feliz de lo que he sido en años.

Soy consciente de que muchas personas no piensan lo mismo y se sienten desdichadas y atrapadas en un círculo del que no pueden salir.

No es fácil conseguir tener ánimo y ser optimista, pero creo sinceramente que vale la pena intentarlo y trabajar para conseguirlo. Ante la alternativa de ser feliz o desdichado, me quedo con la primera.

Yo he decidido apreciar todo lo bueno que la enfermedad ha traído consigo. 

Y así, en éstos meses la vida me ha hecho muchos regalos: he conocido gente maravillosa y también me ha traído de vuelta a otras personas queridas a los que perdí la pista hace tiempo, por distintas circunstancias.

Sin darme cuenta sembré amor en muchas personas y ahora me viene de vuelta.

Bienvenida sea la enfermedad que me ha tocado y todo lo que ha traído consigo.

Tengo cáncer y soy feliz ¿y qué?.


Atrévete a serlo tú también.



                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 9 de abril de 2017

Hay días tan rugosos como la piel de una col.

Este texto lo escribí en marzo.


Hay días tan rugosos

 como la piel de una col.

Hoy estoy pasando mala tarde.

Hemos salido de viaje aunque para mí  supone un gran esfuerzo físico.

Pero necesitábamos desconectar de la rutina casa-hospital. Esa rutina en la que nos hemos sumergidos los últimos meses.

El cansancio físico me ha llevado al cansancio psicológico y me he desanimado, me duele la cabeza y tengo unas décimas de fiebre a causa de la quimio.

Hace tres días me teñí el cabello porque ya me había crecido. Fuimos al supermercado a comprar y vi un tinte color turquesa que me gustó y decidí comprarlo.

Por la tarde me lo teñí y como gran parte de él son canas me quedó de color azul clarito, al día siguiente me lo volví a teñir para conseguir un tono más oscuro.

Pero hoy tres días después, el cabello ha comenzado a caerse de nuevo, dieciséis días después de la última sesión de quimioterapia. 

Hoy es uno de esos días en los que no me apetece nada, mañana ya veremos…



  Un saludo.                              

                                        

                                                 
                                                 

                               
                          Paula Cruz Gutiérrez.                    
         
      

  •                                                            

jueves, 6 de abril de 2017

Mi preciado tesoro.


Al principio del proceso decidí afrontarlo sola,  sin entrar en contacto con otros enfermos. Mi cabeza ya era un caos y no quería añadir más incertidumbre con relatos de otros. Pero los más allegados no lo entendían y continuamente venían a contarme historias de otros enfermos, tenía que decirles que esas historias no me interesaban y que no me apetecía escucharlas.

Decidí darme un poco tiempo para asimilar la situación y buscar información. Considero primordial respetar el proceso interior de cada uno, todos somos diferentes y cada uno tenemos un ritmo. Yo encontré el mío. Quién sabe si más lento o más rápido que el de otras personas, pero es el mío.

Después de todo lo pasado, ya no me importa relacionarme con otras personas que hayan pasado la misma enfermedad que yo. Ahora me gusta y me alegra poder ayudar con los textos del blog. Son muchas las personas que me escriben felicitándome y dándome las gracias.

Desde que era pequeña he tenido una sensibilidad especial, que se fue acentuando con los años y que ha crecido de manera desmedida en los últimos meses. La enfermedad me ha hecho ver la vida de otra manera, de otra forma más pausada y restando importancia para todo aquello que no la tiene.

Y al mismo tiempo valorando muchas cosas a las que antes no les prestaba atención.

Sé que os estaréis preguntando qué significa ese paipai cutre de la fotografía, pues os lo contaré.

Después de realizarme la primera operación en el mes de agosto pasado, en la que me quitaron un ovario con el tumor, me provocaron la menopausia. Como resultado, me han quedado unos sofocos continuos que se repiten durante todo el día.

Estando ingresada en la uci alguien del personal me fabricó el paipai para que pudiera mitigar un poco el calor repentino que me entraba con los sofocos. Me fabricaron uno con el cartón doble, pero como había perdido toda la masa muscular, me pesaba mucho y no podía utilizarlo. Entonces me hicieron el que podéis ver en la foto.

Durante toda nuestra vida tendemos a acumular cosas y más cosas sin saber muy bien para qué, porque la mayoría de ellas no las utilizamos. Para mí durante un mes éste objeto aparentemente tan simple y feo fue mi propiedad más preciada. Fue lo único material que necesité. 

Todo lo demás me sobró.


                                                                                                                                                                                      Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 4 de abril de 2017

¿Y con los niños qué hacemos?

Con la llegada de la enfermedad se nos planteó el dilema de cuando y cómo decírselo a nuestros hijos, aún son pequeños y era difícil que lo comprendieran.
                                                                                                                                                                     
¿Y con los niños qué hacemos?

Cuando me diagnosticaron la enfermedad lo primero que pensé fue en nuestros hijos.

Hay muchas familias en las que hay niños pequeños, en éstos casos uno se plantea cual es la mejor manera de afrontar la situación.

Se tratase de una enfermedad menor, que fuese a durar poco tiempo, es obvio que podemos evitar explicárselo a los niños. Pero cuando se trata de una enfermedad grave y duradera es mejor decírselo. Aunque la solución más fácil sea ocultarlo, no es lo más recomendable porque los niños tarde o temprano se enterarán  y tal vez las conclusiones que saquen no sean las más adecuadas.

En nuestro caso, tenemos un niño de 5 años y una niña de 3. Desde el  momento en el que empecé a ir al médico para realizarme las primeras pruebas, les dijimos que íbamos al médico porque mamá tenía “pupa” en la tripa.  Cuando me operaron, el niño fue a verme al hospital y después  han ido viendo la cicatriz mientras se curaba y mi hija se empeñaba en enseñársela a las visitas. También les expliqué que debido a las medicinas que los médicos me estaban administrando, probablemente se me caería el pelo. Lo han tomado con tanta naturalidad, que presumen que su mamá esté calva.

Dentro de unos días vuelvo a entrar en el quirófano y ya les he explicado que estaremos su papá y yo unos días en el hospital para que me terminen de curar la tripa.

Como son pequeños a veces me preguntan porqué tardan tanto los médicos en curarme, yo les contesto que es un proceso lento, pero que no se preocupen que pronto me recuperaré.

Salud para todos.

sábado, 1 de abril de 2017

Humanizando la UCI.

                                    
Resultado de imagen de fotos hospital la zarzuela madrid

Día 24 de Diciembre de 2016, Hospital La Zarzuela, Madrid.

Mientras medio mundo se preparaba para celebrar la Nochebuena, yo me encontraba en el quirófano debatiéndome entre la vida y la muerte. De allí salí en malas condiciones, sin capacidad pulmonar y sedada. Del quirófano pasé a la UCI y donde permanecí un mes. Las dos primeras semanas bajo sedación, a causa de mi baja capacidad pulmonar.

Debido a la gravedad de mi estado varios  trabajadores del servicio de la UCI, pensaron que yo debía estar acompañada por algún familiar el mayor tiempo posible. Hasta ese momento las familias sólo podían acudir en los horarios cerrados de visita. No les resultó fácil convencer al resto del equipo, pero al final, consiguieron que yo pudiera estar acompañada más tiempo de lo habitual. Fue una excepción y un privilegio para mí, que a veces, nos hacía sentir incómodos con el resto de enfermos. Al fin y al cabo, todos debíamos tener las mismas atenciones.

Durante un mes desde mi cama, tuve tiempo de observar el trabajo que llevaban a cabo cada uno de los miembros del equipo, ya fueran médicos, enfermeros, auxiliares, celadores o señoras de la limpieza. Todos de una manera o de otra trataban de hacernos el día a día más llevadero posible.

Es cierto, que no todos los miembros estaban de acuerdo con que yo tuviera visita tantas horas, pero al final yo les agradecí inmensamente que lo permitieran porque para mí fue muy importante. Aunque si he de ser sincera, había momentos en los que me sentía incómoda, porque veía que otros enfermos lo necesitaban tanto como yo. Me llegaban al alma los lamentos de las señoras mayores con demencia senil llamando a sus maridos y cómo éstos, tan viejecillos como ellas, llegaban tristes a las horas de visita. Era para mí, como una pequeña tortura.

Mis pulmones al final consiguieron funcionar solos y  pasé a una habitación individual donde continué recuperándome.

Pero en la planta de abajo la idea de implantar mi modelo cuajó y el personal siguió luchando por implantarlo.

Pues bien, a partir de ahora la UCI permanecerá abierta todo el día para todos los enfermos y sus familias.

Un gran triunfo de este super grupo de personas que consideran que cuidar y atender a un enfermo es mucho más que administrar medicinas.

Gracias a ellos  serán muchas las familias agradecidas.


Y yo habré tenido el privilegio de haber sido la primera.