miércoles, 13 de diciembre de 2017

La CiuDaD.

Este texto lo escribí en el coche, el día 18 de octubre en medio de un atasco.


Hoy toca de nuevo venir al tratamiento. Hasta el mes de junio próximo he de seguir viniendo cada veintiún días.

Estamos entrando a Madrid, el cielo por fin ha decidido regalarnos lluvia y los accesos están colapsados. Avanzamos muy despacio, pero me encuentro tranquila, sé que llegaremos a tiempo al hospital.

Es un día gris, pero a mí me gusta, ha refrescado y ahora si parece que estamos en otoño.

Las nubes encapotan el cielo de la ciudad cubriéndolo de tonos grises y las puntas de los rascacielos rozan las nubes, como acariciando sus barrigas.

Una ciudad enorme que se despliega a ambos lados de la carretera.
Ciudad llena de vida, de gente, de coches y hoy de lluvia.

Ciudad en la que viví muchos años, en la que uno pasa inadvertido, es libre de ir y de venir. En la que siempre hay cosas que ver y qué hacer. Urbe que no duerme, que siempre permanece alerta. Que espera y te desespera. A la que puedes amar y odiar a la vez.

Esa ciudad en la que me gusta vivir y a la que prometo volver, de momento los fines de semana y después para siempre.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 5 de diciembre de 2017

EL PeRRo.


Desde muy pequeña me gustan los animales. Por alguna razón que desconozco siempre he sido abogada de causas difíciles y he tenido la necesidad de ayudar a animales desvalidos. Esto me llevó a adoptar perros, pájaros, peces o gatos. Hemos tenido mil y un animales. Ha habido épocas en las que nuestra casa parecía un zoológico y si no tenemos más es por falta de espacio. Me encantaría tener gallinas para no tener que comprar huevos.

Últimamente no sé muy bien porqué, siento la necesidad de coger otro perro. Ya tenemos uno de tamaño mediano-grande que lleva con nosotros ocho años. Pero ahora, se me ha metido en la cabeza traer otro de tamaño mini. He ido mirando en diferentes protectoras y me han gustado varios, pero al final, no me decidido a llamar a preguntar por ninguno. Porque por otro lado, pienso que ya tenemos un perro y que otro sólo nos dará más trabajo. Pero ésta auto excusa no termina de convencerme.

Dependiendo del día pienso una cosa u otra y al final no consigo ponerme de acuerdo conmigo misma. Lo que me genera cierta ansiedad por no ser capaz de decidirme.

Total, que así van pasando los días y yo sigo con mi rurun en la cabeza. Escuchando a una vocecilla que me dice que adelante y luego escuchando a otra que me dice que ni se me ocurra.

Al final, un día vi un perrillo en una protectora que me gustó, les envié un email para preguntarles por él, pero nunca contestaron.

Después vi otro en una protectora cerca de casa y volví a intentarlo. Esta vez si me respondieron y la persona que me contestó me envió una foto de otro perro que según ella se adaptaba mejor a nuestras necesidades. !Juro y perjuro que yo no pido un perro con glamour¡ Pero al verlo, no supe si reírme o llorar ¿Cómo demonios podía ser tan feo?. !!Socorro, si era cómo una rata electrocutada.¡¡.Que el universo me perdone por fijarme únicamente en el exterior y no en la belleza interior, pero es que no puedo. Seguro, que con una mano de champú y unos rulos queda niquelado, pero es taaaaaan feo.

En fin, que ahora se me han quitado las ganas.

                                                                                                                                                                                     Paula Cruz Gutiérrez.

lunes, 4 de diciembre de 2017

FeLiZ CuMPLeaÑoS.



Esta semana mi marido ha cumplido los años.

Este año lo hemos celebrado los cuatro juntos en casa. En años anteriores hemos comido acompañados, pero éste año nos apetecía celebrarlo con nuestros hijos.

Después de la escuela comimos tranquilos en casa y colocamos cuatro velas en unos pasteles que habíamos comprado. Nos los comimos contentos cantando el cumpleaños feliz, mientras brindábamos con sidra sin alcohol.

Mirando cómo los niños y mi marido cantaban y sonreían yo intentaba hacer alguna fotografía para inmortalizar el momento. Y en ése preciso momento, retrocedí  un año atrás. Como si una nave espacial me llevase a otro momento ya vivido, lleno de emoción, de esperanza y de incertidumbre. Cuando sí que celebramos los cumpleaños acompañados por más gente, mientras yo superaba los efectos secundarios de la quimioterapia y esperábamos a que llegara el día de entrar de nuevo al quirófano. Ajenos e ignorantes, sin ser conscientes de la que se nos avecinaba.

De repente sentí como si nuestra cocina fuese una cápsula del tiempo, en la que habitábamos los cuatro. Me invadió un inmenso sentimiento de estar en el lugar y en el momento adecuado, de estar en mi sitio. De no desear ir a ningún otro lugar fuera de aquellas cuatro paredes. Y entonces, mientras observaba a mi familia, surgió en mi interior un profundo sentimiento de agradecimiento. Por ver que mi marido no estaba viudo, que mis hijos seguían teniendo madre y que yo seguía aquí, a su lado. Terriblemente afortunada porque seguimos siendo una familia de cuatro miembros. Feliz porque a ratos puedo cuidar de ellos y otras veces son ellos, los que deben cuidar de mí.

Es indudable que si no hubiera sido así, que si yo hubiera muerto, ellos habrían celebrado de igual modo el cumpleaños, pero no creo que hubiese sido igual. 

Ahora después de todo lo acontecido durante éste año, celebramos cada día que seguimos adelante, celebramos mi recuperación, los cumpleaños y cualquier otra cosa que nos apetece. Celebramos la vida misma, con un plato de judías pintas y una copa de sidra. Puede que sean celebraciones discretas, sin grandes jolgorios ni mucha gente, ni con grandes menús, pero lo importante es que lo hacemos los cuatro juntos.

Y confieso que ahora que llegan las navidades me apetece celebrarlas de la misma manera. Perdernos los cuatro en algún lugar. No necesito nada más que un "fuerte abrazo en familia", como lo llaman mis hijos, cuando nos abrazamos los cuatro a la vez y nos apretamos fuerte fuerte.



                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


sábado, 2 de diciembre de 2017

Feliz Fin de Semana.


Ya hace unos cuantos días que no escribo. 

La semana pasada me atacó la astenia otoñal y estuve la mayor parte del tiempo sin energía y constantemente adormecida. Por más que lo intentaba no era capaz de mantenerme espabilada.

Esta semana la cosa no ha mejorado mucho, el lunes tuve el ciclo, con lo que el martes pasé mal día. Después, como es costumbre cojo el catarro de turno. Aunque este tratamiento se supone que no afecta a mis defensas sí que debe hacerlo, porque tras su administración siempre me acatarro. 

Así pues, el frío ha venido acompañado por un malestar general que me afecta principalmente a la cabeza.

Aún así, esta mañana (en un momento de lucidez) he decidido teñirme una cresta de color violeta. Se supone que al éste frío polar que nos ataca hay que ponerle buena cara, aunque sea sin salir de casa. Ya saldré mañana un poco más.

Aún hay personas que piensan que la actitud no es importante, que mientras hagamos caso a los médicos y nos tomemos los medicamentos que nos prescriben da igual lo que pensemos o sintamos. Yo como ya sabéis, disiento completamente de estas opiniones, mi experiencia me ha demostrado que la mente ha de ir a la par con la medicina. Es la única manera de que los tratamientos den los resultados esperados.

Espero que tengáis todos un buen fin de semana, con dolores o sin ellos, pero siempre intentando estar lo más animados posibles.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

     
                   

miércoles, 29 de noviembre de 2017

uN CuRSo De eSCRiTuRa.






A partir de hoy comienza una nueva etapa. Hasta ahora mi método de escritura no era otro que ir contando lo que me iba ocurriendo de la manera más amena posible. 

Hoy me he inscrito en un curso on line de escritura creativa para aprender a escribir bien.

Lo cierto es que soy muchos los que me habéis dicho que porqué no escribo un libro con todos los textos. Y la verdad es que  me gustaría mucho hacerlo, pero no conozco a ningún editor que quiera publicarmelos. Se que está la opción de la autoedición, pero no me convence. No quiero costear yo la edición del libro y luego tener que llevarme los volúmenes a casa para su venta. Deseo encontrar un editor que me lo publique y se encargue posteriormente de su distribución.

Con éste curso espero aprender muchas cosas útiles para seguir escribiendo, aprender a escribir textos con calidad y que les gusten a los lectores, aunque ya sé que lo que escribo os gusta. Estoy convencida de que si uno quiere hacer alguna tarea bien, antes ha de prepararse y estudiar para ello.

Siempre me ha gustado escribir y en éste último año en el que la escritura se ha convertido en mi terapia, creo que ha llegado la hora de aprender más sobre el tema y hacerlo mejor.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 26 de noviembre de 2017

Qué eS Lo MáS iMPoRTaNTe?




Alguien dijo una vez: "Intenta que lo más importante en tu vida, sea lo más importante".

Tras leerlo podemos pensar: pues vaya tontería. Pero si nos ponemos a pensar su verdadero significado, veremos que la frase aunque sencilla, tiene mucha más profundidad. 

Porque en ésta vida de locos que llevamos, en la que no nos sentamos ni nos relajamos nunca, en muchas ocasiones perdemos el norte. Perdemos la noción del tiempo y del espacio y olvidamos lo que realmente es importante para cada uno de nosotros.

Olvidamos dedicar tiempo de calidad a aquellas personas que nos importan y queremos. Pasar más tiempo con ellos y hacer cosas agradables, disfrutar de la compañía de nuestra familia y amigos, hacer comidas especiales sin necesidad de tener que celebrar nada, salvo que estamos vivos. Podemos salir a dar un paseo en su compañía o ir al cine. No hace falta hacer grandes cosas, lo esencial es hacerlas juntos.


En otras ocasiones, posponemos la realización de nuestros sueños y de todas aquellas cosas que nos gustan y distraen. Mientras pasan los años y por unas cosas o por otras nunca llegamos a realizarlas. Perdemos nuestro tiempo haciendo otras muchas cosas que no nos gustan por complacer a los demás.

Dejamos para después ese viaje que nos gustaría hacer con nuestra pareja, viaje que en muchas ocasiones nunca llegamos a realizar.

Entonces nos preguntamos: ¿Cómo he llegado hasta aquí?¿Cuando tomé la decisión equivocada para que todo me saliera mal?. En la vida no hay decisiones buenas ni malas, porque lo importante es aprender algo de ellas.

Si fuéramos conscientes de que nuestros familiares y amigos morirán al igual que nosotros mismos, no perderíamos el tiempo en tonterías. Aprovecharíamos el tiempo al máximo.

En la mayoría de los casos, no reaccionamos frente a ésta verdad hasta que nos ocurre algo verdaderamente grave. Algo que nos obliga a abrir los ojos y mirar de otra manera. Algo como una enfermedad grave o el fallecimiento de un ser cercano.

Qué bueno sería olvidar éste ritmo de locos que llamamos vida y aprender a vivirla de verdad.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


         




jueves, 23 de noviembre de 2017

Mi MaMá TieNe CáNCeR.









Afrontar las cosas con la mayor normalidad posible es primordial.

No sobreproteger a nuestros hijos es necesario para que se conviertan en personas mentalmente sanas.

Esto último no implica que debamos dejar que se partan la cabeza, pero sí es cierto, que no pasa nada si se dan un golpe y los dejamos que se levanten solos. Tienen que aprender a caer y a levantarse sin que nosotros estemos allí en el papel de "salvadores".

Considero que si de pequeños nos les dejamos correr riesgos, asumirán que no correrlos es lo correcto y de mayores se comportarán de la misma forma.

Por suerte o por desgracia, según como lo interprete cada lector, una enfermedad grave en uno de los progenitores, obliga a los niños a madurar más deprisa. Comienzan a ver desde pequeños situaciones que tal vez no verían hasta que fueran mucho más mayores. 

Si a mi hijo alguien le pregunta qué le ocurre a su mamá, el responderá: pues mi mamá tiene cáncer. Contestará a la pregunta con la misma normalidad que quien contesta que su mamá tiene un catarro. Desde el principio de mi enfermedad, les hemos ido explicando lo que me ocurría, intentando en todo momento explicárselo con un vocabulario fácil que pudieran comprender.

Afortunadamente, mi hijo dentro de su inocencia, no asocia la palabra cáncer con muerte. Porque en éste caso yo no he fallecido.

La semana pasado tuve dos días muy malos, me sentía agotada. Mi cuerpo debía estar haciendo algún trabajo interior y destinaba toda su energía a curarse por dentro. De tal manera, que a mí físicamente no me quedaba energía.

El martes después de comer me eché la siesta para ver si descansaba. Cuando llegó mi hijo a despertarme me dí cuenta de que no podía moverme. Por más que lo intentaba, no podía mover las piernas ni los brazos de lo cansaba que estaba. Entonces, opté por decirle que le dijera a papá que no podía moverme y que llamara a la grúa. De ésta forma, él se fue contento a llamar deprisa a su padre. Yo podía haber optado por lamentarme porque no podía moverme y hacer un drama de todo aquello delante de él, sin embargo no quise. Cuando llegó mi marido me levantaron de la cama entre los dos entre risas y para él fue una cosa de lo más normal. Sin dramatismos ni victimismos.

Aunque los niños no han llegado a saber el alcance real de mi enfermedad, han sido conscientes en todo momento de que la cosas habían cambiado mucho. De que mamá necesitaba ayuda para poder hacer muchas cosas. Hay una enorme diferencia de ver a mamá siempre activa y de verla ahora durante tantos meses tumbada en el sofá. Ellos aunque sean pequeños saben que estoy enferma y me ofrecen su ayuda en todo momento.

Para mí eso es una grandisima satisfacción porque demuestra una cosa: todo lo que me quieren.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 21 de noviembre de 2017

ESTOY ENFERMO.



Estoy enfermo, me han diagnosticado un cáncer y ya me han operado. Parece que el diagnóstico es bueno, mejor realmente de lo que esperaba. 

Estoy contento, pero también  estoy asustado, muy asustado. Es un miedo que me atenaza el corazón y me nubla la razón. 

Desde que enfermé siempre estoy acompañado por mi mujer o por otro familiar. Están preocupados por mí.

Delante de los demás permanezco animado, sin dar signos de tristeza. Cada mañana ,me coloco esa máscara para no preocupar a los demás. No quiero que se preocupen más de lo necesario por mí. 

Se que su intención es ayudarme, pero si tuviera un ratito para estar yo solo, lloraría, lloraría como llora un niño por encontrarme en ésta situación. Lloraría sin consuelo por ponerme enfermo ahora, aunque se que en el fondo, tener cáncer nunca le viene bien a nadie.

Toda mi vida pasa ante mis ojos como un fotograma, la observo desde fuera como quien ve una película de la vida de otro. Pero tristemente me doy cuenta de que es mi propia vida la que aparece en la pantalla. 

Necesito huir, escapar de ésta situación, romper ésta máscara y librarme de tanto dolor. Volver a mi vida de antes. Cuando no conocía esta incertidumbre y éste miedo obsesivo que se han apoderado de mí.

Quiero pensar que ésta etapa pasará pronto, deseo levantarme por la mañana siendo más positivo. Pero me cuesta tanto...



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 14 de noviembre de 2017

Yo No.

La semana pasada mientras realizaba una actividad fuera de casa me sucedió una cosa. Habían colocado varias carpas para hacer dicha actividad y al terminar, los trabajadores del ayuntamiento llegaron para retirarlas. Pues bien, mientras yo hablaba con una amiga, ellos procedieron a retirar la primera de las carpas; en ese momento en el que la quitaban y plegaban, mi mente retrocedió de manera inmediata e inconsciente a la UCI.

Aquella carpa dejó de ser una carpa para convertirse en el ataúd portátil de la UCI. 

Ya han pasado diez meses desde que salí, pero aún hay muchas cosas que mi inconsciente tiene guardadas.

Durante el mes que permanecí allí ingresada  me dio tiempo de ver muchas cosas. Unas buenas y otras no tan buenas, porque vi morir a mucha gente.

Cada vez que veía la bolsa negra y cómo de ella extraían el ataúd plegable de aluminio, sabía que alguien había fallecido.

Hoy he sido consciente de algo de lo que hasta ahora no me había dado cuenta. Allí en aquella sala grande donde todo se veía, cada muerte era una tragedia. Pero hoy me he percatado de lo que realmente supusieron esas muertes para mí. Fueron simple y llanamente una RATIFICACIÓN. Porque cada vez que alguien moría se afianzaba en mí la idea de que yo no iba a morir allí como ellos.

Convenciéndome de que iba a vivir pese a que todo estuviese en mi contra.

Mi objetivo era volver a casa con mis hijos y cada vez que se producía un deceso, en mi mente saltaba un resorte y una voz me decía "yo no voy morir"

Hoy, he entendido por fin su significado. Esas muertes han dejado de ser para mí un hecho desagradable, para convertirse en parte de mi sanación. He comprendido que sólo eran la manera en que la vida me obligaba a mantenerme firme en mi decisión. Que sólo eran una señal de que debía continuar. Que la función de esa voz era mantenerme alerta.

Hoy, me siento agradecida y un poco más ligera de equipaje.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


domingo, 12 de noviembre de 2017

La MeNTe.



Cada vez estoy más convencida de dos cosas: que el poder de nuestra mente es ilimitado y que desgraciadamente el ser humano vive empanado, porque tan sólo utiliza una ínfima parte de ese gran poder.

Debería ser una asignatura obligatoria el que nos enseñaran a utilizar nuestro potencial mental, que junto con él, nos explicaran cómo aprender a pensar en positivo, en vez de enseñarnos a quejarnos y a ir de víctimas por la vida.

En éste último año, he sido consciente de que todo aquello que creamos en nuestra mente, se convierte en nuestra realidad. Que si agradecemos las cosas buenas que tenemos, nos vienen más cosas buenas por las que estar agradecidos. Por el contrario, si tan sólo vemos las cosas malas que nos rodean, la vida nos envía más de lo mismo para poder seguir quejándonos. Como se suele decir, es la pescadilla que se muerde la cola.

No hay personas fuertes y personas menos fuerte, tan sólo, personas que deciden aprender y personas que prefieren vivir estancadas. En el momento en el que decides tomar las riendas de tu vida para mejorarla, te llegan oportunidades para poder hacerlo. Nadie dijo que éste gran esfuerzo fuera fácil ni rápido. Como todo trabajo se necesita constancia y ánimo para hacerlo un poco mejor cada día, pero si eres consciente del premio que te espera al final, el camino se hace mucho más llevadero.

Desde el primer momento en que caí enferma abogué por mi recuperación, trabajé por ello con esmero y al final el premio ha sido recuperarme. Lo importante no es lo que los demás opinen, sino el resultado final. 

No pongo en duda que los tratamientos médicos sean eficaces, nada más lejos de la realidad, pero sí abogo porque el enfoque psicológico que tenemos influye en los resultados finales.

Creo que poco a poco deberíamos ir utilizando y sacando provecho de ese gran potencial que tenemos llamado Mente. Quizás por ello, somos los únicos animales en el planeta que tienen esa gran capacidad. Que olvidemos la "comodidad y la seguridad" que nos brinda el victimismo y comencemos a utilizar de manera útil nuestros pensamientos.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.