domingo, 20 de agosto de 2017

¿eMPaTiZaMoS?.


Para que la cosa situación sea llevadera, detrás de un gran enfermo siempre ha de haber un gran cuidador. Y al igual que el cuidador intenta en todo momento ponerse en la piel del enfermo para saber cómo se siente o qué necesita éste, creo que el enfermo a menudo ensimismado en sus propios pensamientos no empatiza lo suficiente con la persona que tiene al lado y que le atiende día y noche.

Por mucho que lo intente, para el cuidador debe ser increíblemente difícil por no decir imposible, ponerse en el lugar del enfermo. Aunque pase las veinticuatro horas del día a su lado y conozca cada uno de sus síntomas y dolores. 

Desafortunadamente, estamos acostumbrados a prestar la mayor parte de nuestro tiempo e interés en saber cómo se encuentra el enfermo y raramente nos preguntamos cual es el estado del cuidador. Esa persona que vive en la sombra la enfermedad de su compañero o compañera y que además de atenderla, tiene que superar sus miedos y problemas. Siempre atento, siempre intentando transmitir tranquilidad para que el enfermo no se preocupe, aunque en el fondo esté realmente muerto de miedo.

El cuidador es también el que debe lidiar con las visitas y con las preguntas inoportunas que ciertas personas realizan. 

Hay cuidadores que tienen suerte de tener personas a su lado que se preocupan por su bienestar, pero también los hay que se encuentran a solas con el enfermo, cargando sobre sus hombros todo el peso de la enfermedad. En éstos casos, es importante que el cuidador no base todo su día a día únicamente en el cuidado del enfermo, sino que ha de buscarse otro tipo de actividades que le hagan distraerse.
Porque si no es así, al final, terminan cayendo enfermos ellos también. Máxime, cuando la enfermedad es grave y el tiempo de convalecencia se alarga en el tiempo. 

Si al final el enfermo se recupera, habrá sido una batalla ganada a medias. Pero si por el contrario el enfermo fallece, la sensación que le quedará al cuidador será la de no haber podido hacer lo suficiente para cambiar el final de la historia. Es muy fácil entonces que los remordimientos se apoderen de él, aunque no tenga motivos para ello.

El camino del cáncer es un camino difícil y nadie debería recorrerlo solo. Es necesario tener una persona de apoyo y referencia para los momentos malos. Y si el enfermo y el cuidador consiguen unirse, la unión será un tandem perfecto. Que ayudará a ambos por igual.


                                                                        Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 17 de agosto de 2017

Los Buenos Profesionales.

Que mi ginecóloga se emocione con mis palabras y que yo me emocione con las suyas, no es muy común.
Porque creo que habitualmente los médicos están acostumbrados a que los pacientes se quejen en vez de darles las gracias.
Con el cáncer nos ha tocado recorrer un camino largo y difícil. Durante este caminar nos encontramos con mucha gente diferente. Es cierto que unas personas son más cuidadosas que otras y que unos profesionales empatizan más que otros con los enfermos, pero en el trayecto siempre nos encontramos con gente buena que nos ayuda, a sobrellevar este duro trance, con todas sus operaciones y tratamientos.
Hoy quiero abogar porque nos acostumbremos a darles las gracias a todos aquellos profesionales que nos tratan con cariño y respeto. Al fin y al cabo, somos muchos los pacientes que pasamos por sus manos y no todos somos iguales.
Éstas personas nos hacen más llevadero el proceso.

                Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 15 de agosto de 2017

Gracias a todos los implicados en mi recuperación.


Cuando uno está enfermo y acude al médico para que lo observe y le diga qué le ocurre, siempre espera encontrar a los mejores profesionales para que le atiendan. Desgraciadamente no siempre ocurre así. Hay ocasiones en las que sales del centro médico o del hospital tan perdido como entraste.

Cuando empecé a estar enferma el año pasado me ocurrió a mí. Acudí a mi hospital de referencia y allí el médico que había de guardia me envió de vuelta a casa, diciéndome que no tenía nada, sin hacerme ninguna prueba.

Posteriormente tuve la suerte de poder acudir al hospital de mi seguro médico privado y allí la cosa cambió.

Desde el primer momento en el que llegué, todos los profesionales sanitarios se volcaron en descubrir qué me ocurría. Y a medida que me iban haciendo pruebas y la cosa se complicaba allí estaban ellos, todo amabilidad para ayudarme.

He encontrado el mejor cuadro médico que podía tener. Médicos, enfermeras y enfermeros, celadores, etc, todos ellos han sido y son en todo momento, personas cercanas que me ayudan siempre con una sonrisa. Profesionales que nos han explicado siempre la gravedad de la situaciones y cómo han ido desarrollándose los acontecimientos.

Doy las gracias al equipo de la UCI, porque durante el tiempo que estuve allí, me hicieron más amena la estancia con sus bromas y sus sonrisas. A pesar, de que fueron momentos muy duros, ellos me los hicieron más llevaderos. Cuando te encuentras tan mal, agradeces enormemente que te traten con cariño.

Gracias al equipo de Oncoginecológia por su trabajo y su apoyo. Mi agradecimiento especial para la doctora Belén Lampaya, por su profesionalidad y su dedicación sincera, porque cuando uno trabaja en lo que le gusta lo transmite a los demás. Ella es mi Angel de la Guarda.

Gracias también al equipo de Oncología, desde Isabel en la recepción, pasando por el equipo completo de enfermería y a los doctores. En particular al doctor Pedro Salinas por su ayuda, por recibirme siempre con una sonrisa y dos besos, que parecen aliviar un poco la dura experiencia vivida. Por explicarme las cosas, los tratamientos y pasos a seguir y por darme ánimos.

Mil millones de gracias a todos, porque sin vuestro trabajo hoy yo no podría estar aquí escribiendo éstas palabras.

Gracias de nuevo a todos los profesionales del Hospital Universitario La Zarzuela de Madrid.

Os deseo que siempre seáis felices.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.


sábado, 12 de agosto de 2017

vIVIR a Mi mANERA.



Un 12 de Agosto la vida me hizo un requiebro. Recibí una noticia dura y difícil de digerir. Aquella mañana una doctora de ojos marrones y sonrisa sincera, me dijo que tenía un cáncer de ovario en estado muy avanzado. Con mucha calma, nos fue explicando mil cosas, que nosotros no alanzábamos a escuchar. Nos quedamos atascados haciendo el intento de aceptar la noticia.

He intentando digerirla vinimos todo el camino de vuelta a casa, 150 km. en silencio. Cada uno ensimismado en sus pensamientos y atrapado en sus propias emociones.

Y cuando conseguí hilar dos pensamientos, pensé qué sería de mis hijos si yo no estaba, y decidí que eso no podía ocurrir.

No hubo más remedio que sumergirnos en el maremagnun de pruebas, operaciones y tratamientos que los médicos consideraron oportunos. Y con todo ello continuamos a día de hoy.

Desde aquel día de agosto, la vida me ha ido indicando el camino a seguir, unos días con más claridad y otros con menos. Pero lo importante es que he estado ahí, atenta a las señales de humo que me llegaban. Y cada mañana me dejo llevar por el día, haciendo lo que el cuerpo me permite o lo que me apetece en ese momento. Hay muchas cosas que antes me gustaban y que ahora ya no me interesan y por el contrario, he descubierto otras muchas cosas a las que antes no les prestaba atención y ahora me gustan.

Aquél requiebro me ha enseñado y traído nuevas oportunidades de vivir.

A veces pasamos por la vida de puntillas, como queriendo no hacer ruido. Eso es un gran error porque cuanto más ruido hagamos más vivos estaremos. Vivir sin más ataduras de las estrictamente necesarias. Ver dónde estamos, mirar hacia dónde queremos ir y dejar atrás aquello que nos atrasa. Escuchando siempre las señales que la vida nos envía, que además pueden venir en el momento y de la manera más inesperada.

Lo importante es vivir. No lo olvidéis nunca.


                                                                                                              Paula Cruz Gutiérrez.


                                                                                            

martes, 8 de agosto de 2017

rELLENANDO lA pLAYA



Mi estancia en la UCI dejó mi playa vacía y sin arena. Mi cuerpo quedó varado con grandes dificultades motoras. Aunque han pasado ya seis meses desde mi salida del hospital, continúo con ellas. 

Además de que perdí toda la masa muscular por estar tanto tiempo inmovilizada, se han ido sumando los efectos secundarios de los tratamientos oncológicos, que no han favorecido mucho mi recuperación. 

A día de hoy sigo sin tener demasiada fuerza en piernas, brazos y manos, camino con dificultad y me canso rápidamente. 

Me cuesta mucho trabajo sentarme y levantarme y si por casualidad me pongo de rodillas, no puedo levantarme sin ayuda. Esta flojedad en las piernas también me impide conducir.

En las manos además de la fuerza, perdí toda la precisión, algo fundamental para realizar mi trabajo. He tenido que aprender a comer de nuevo, primero con una cucharita de postre y después con una cuchara sopera. Me costaba mucho trabajo utilizar el tenedor y el cuchillo, que aún no manejo bien. No puedo cortar nada que sea un poco duro, como la corteza de melón y tampoco puedo pelar la fruta o una patata, porque me resulta imposible asir el cuchillo y hacer fuerza al mismo tiempo para cortar.

Frente a este panorama tan alentador yo no me doy por vencida. Cada día intento ir rellenando algún hueco, unos días con piedrecitas y otros con arena. 

Por eso, aunque no puedo subir ni bajar las escaleras intento evitar subir por el ascensor si voy a un primer piso.

Con las manos ocurre lo mismo, intento hacer todo aquello que veo que puede ayudarme. Se me olvidó escribir y estoy volviendo a aprender, aunque aún lo hago mal, y con el ordenador intento teclear bien aunque me falte fuerza en los dedos para pulsar las teclas. La escritura para mi se ha convertido tanto en una terapia física como psicológica. 

He comenzado a hacer pequeñas cosas con fieltro, objetos como diadémas (para adornar mi cabeza sin pelo) o ratoncillos para que mis hijos metan los dientes cuando venga el Ratoncito Pérez.

Son trabajos sencillos que no necesitan gran precisión ni puntadas finas. Pero que me sirven para ir recuperando poco a poco las manos, porque veo muy difícil volver a recuperar todo lo que he perdido a medio plazo. 

A la espera de que mi recuperación llegue algún día, yo voy poniendo mis granitos de arena, a ver si consigo rellenar la playa entera.


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.

mIS mARCADORES tUMORALES.


Esos marcadores que bajan y bajan sin parar a ritmo de samba van.

Al comienzo del proceso, mis marcadores tumorales recibieron la primigenia orden de desaparecer. Como fue una orden expresada en firme y con todo mi amor, han obedeciendo y van desapareciendo poquito a poquito. Porque a lo largo de éstos meses no han recibido otra contraorden que les indique lo contrario.

De niveles muy elevados, he pasado a niveles muy bajos y dentro de lo que puede considerase normal en una persona sana.

Podemos decir que los niveles son unos chicos listos y muy obedientes. Han ido desapareciendo con su ritmo particular, al principio fue un baile muy rápido y después más pausado.

Igualmente de obediente ha sido el cáncer, aunque en su caso haya necesitado un pelín más de ayuda. Pero lo importante es que al final también ha ido desapareciendo, hasta hacerlo casi completamente. Su ritmo ha sido más bien el de una balada, lenta pero segura y llena de amor.

Así pues, éste año voy moviéndome entre diferentes estilos, estoy aprendiendo bailes de salón. Cada día y según me levanto, elijo el baile que a mi cuerpo le apetece bailar y me dejo llevar.

Aunque he de reconocer que tener como compañero de viaje al cáncer es un tanto particular.

                                            
                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

lunes, 7 de agosto de 2017

La Piscina.


Esta tarde me he animado a venir a la piscina, no hace demasiado calor y corre un ligero airecillo que refresca al pasar.

Ante la posibilidad de no poder levantarme del suelo si me siento en una toalla, me he sentado en una silla de la terraza del bar. Mi único acompañante es un granizado de limón, aunque si he de ser sincera, debería decir que el hielo del granizado, porque ha venido mi hijo y se lo ha bebido todo.

Hasta aquí me llega el bullicio incesante de los bañistas. Muy cerca se encuentra la zona donde se bañan los niños, incansables en su ajetreo y griterío.

Los niños juegan con otros niños a zambullirse y a ver quién salpica más, mientras los adultos de alrededor intentan que los juegos no les molesten demasiado.

Desde aquí puedo ver también a mi marido mientras vigila a nuestra hija que se tira de cabeza una y otra vez.

Me gustaría que me gustara bañarme, para poder acompañarlos y divertirme con ellos, pero una extraña e irracional fobia a que se me moje la tripa me impide meterme en el agua.

La brisa me trae el olor a cloro.

Desde mi perspectiva la piscina es como un enorme hormiguero multicolor en el que cientos de cabezas se mueven de un lado a otro, mientras las palomas sobrevuelan la piscina para posarse en los árboles cercanos. 

Observo tranquila y sin prisa, como quien no tiene nada importante que hacer como no sea descansar y disfrutar de los suyos.

Mi segundo granizado se ha terminado,  creo que es hora de irse a casa.

                                                                                                     Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 6 de agosto de 2017

eSToY aQuí, JuSTo aL LaDo...

Esta semana mi amiga Pilar publicó en su blog "Carreteras secundarias" este texto de mi marido. Gracias a ambos.



Hace un tiempo la pareja de Paula, a quien ya conocéis en este blog, escribió un texto como comentario a una entrada. Aunque mucha gente ya lo habrá leído, no me resisto a ponerlo en primera fila, en el escenario también, para que destaque desde el patio de butacas. Porque son los pacientes los protagonistas pero, muy al lado, comparten vida con los grandes cuidadores. Gracias Julián Díaz-ufano.
DESDE EL OTRO LADO

Buenos días desde ese "otro lado" de la enfermedad.

La verdad es que no es ningún sacrificio estar ahí al lado; todo lo contrario, es una NECESIDAD...

Somos muchos los cuidadores que nos sentimos reflejados en este lado; y seguro que una inmensa mayoría sabemos a quienes tenemos que agradecer el que también, en cierto momento, se hayan ocupado de nosotros.

Es necesario tener un apoyo, un hombro, un pañuelo a mano porque si no, te vas abrazando a lo primero que pillas. Yo por ejemplo en algún momento me tuve que abrazar a un árbol (no sé dónde escuché que así encontrabas algo de paz, y así fue).

No sé si a algún@ otr@ cuidador@ le habrá sucedido lo de encontrar consejos como:"tienes que descansar"… y desde aquí abogo por el descanso y la buena alimentación (aunque sean 5/6 horas de sueño y un sándwich de la máquina), pero también es necesario el buen sabor de los besos de tus hij@s y sus abrazos, que para mí y para Paula, en todo el proceso están siendo un pilar básico para decirnos: "TENEMOS QUE CONTINUAR", no vale rendirse...

Gracias a la Vida por las oportunidades que nos pone a lo largo del camino para superarnos y crecer desde dentro.

Gracias a todas las personas de buen corazón, que sin saber nada de tu situación te ofrecen todo su apoyo.

Gracias a los que desinteresadamente te cogen de la mano y te sacan a pasear o a comer.

Gracias a mis hijos, que sin saberlo ni quererlo, están siendo el pilar donde apoyar la palanca de la recuperación de Paula.


Gracias a ti que lees esto, porque compartiéndolo estoy seguro que algo de luz entrará en alguna habitación oscura de por ahí.

SEGUIREMOS JUNTOS, UN SOLO CORAZÓN...

sábado, 5 de agosto de 2017

lOS gRANDES vIENTOS.




Con los años he aprendido que los vientos viajan sin cesar. Unas veces se muestran huracanados, mientras que otros son simples murmullos que nos acercan dulces voces cercanas a veces y más lejanas en otras. El aire, el viento, la brisa, siempre forman parte de nuestras vidas, aunque nosotros no les prestemos atención en la mayoría de las ocasiones.

Estos vientos, bagan recorriendo el mundo, vigilantes, analizando a las personas al pasar, sabiéndose sabios. Por eso, cada cierto tiempo vuelven cargados de nuevo con voces que se perdieron en el recuerdo y que tal vez nunca debieron olvidarse.

Esta semana volvieron los vientos calurosos del mes de agosto. Sin darnos una pequeña tregua frente al inmenso calor.

Vinieron cargados de dolores, de malestar general y de tensiones arteriales alteradas, pero también me trajeron las voces susurrantes de dos antiguos amigos a los que los mismos vientos se llevaron hace mucho tiempo. 

La primera de las voces venía cargada de recuerdos agradables, de fiestas y conversaciones al anochecer, de risas y de cervezas sentados en un banco del parque o de salidas por el barrio de Malasaña con la música de A-ha a todo volumen por las calles de Madrid.

La segunda voz por el contrario, venía mezclada con recuerdos desagradables del pasado en el pueblo.

Pero los vientos con su eterna sabiduría me pidieron que la escuchara. Y lo hice de manera pausada, como quien abre una caja de regalo con cautela, sin saber qué se encontrará en su interior. Mi corazón aliado de los vientos me dijo que no temiera que hacía lo correcto. Y así fue cómo me reencontré con un conocido al que yo apreciaba hace muchos años, un joven bonachón, sonriente y muy educado por aquel entonces. Tras abrir la caja descubrí que después de tantos años sin vernos no ha cambiado mucho.

Le doy las gracias a los vientos porque con sus incesantes viajes siempre vienen cargados de amor, da igual del que sea porque hay mil clases, una para cada uno.

Sed flexibles y dejad que los vientos entren y salgan en vuestras vidas, porque con ellos descubriréis y aprenderéis muchas casas.



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

miércoles, 2 de agosto de 2017

Los Amigos Son...




Los Amigos habitan en el rincón del corazón donde viven los Sueños y las Sonrisas Sinceras, los Apoyos Mutuos y el Amor Desinteresado. Donde los rencores no existen y los apoyos son incondicionales. Ese lugar llamado Amistad que sobrevive con el paso del tiempo, que forma un fuerte vínculo que nos une con un hilo invisible, pero duro como el acero. 

Los Amigos son aquellas extensiones nuestras que comparten nuestros gustos y nuestra manera de pensar. No nos juzgan ni buicotean nuestros planes. Siempre se alegran de nuestros triunfos y nos apoyan cuando las cosas no nos salen bien. Nuestros caminos van unidos, siendo caminos de doble sentido porque unas veces nos toda dar y otras recibir. Ese es el trato implícito que tiene la amistad sincera.

Los Amigos, son aquellas personas de las que te acuerdas, cuando escuchas una canción o lees unas palabras, entonces te vienen a la memoria y sonríes. Sonríes porque la mente te trae algún recuerdo común y con él, el corazón se te ilumina.
                                                                                                                                                                    Cada uno de ellos ocupa un hueco importante en nuestra vida, porque en nuestro corazón caben todos. Da igual si nos vemos a menudo o si pasan mil años sin vernos, nuestra amistad se mantiene fiel como el primer día. Incluso aquellos que volaron y ya no podemos ver siguen teniendo su lugar en nuestro recuerdo.

Gracias a ellos, crecemos como personas. Juntos hablamos, reímos o lloramos según lo necesitemos, unidos como juncos mecidos por el viento.

Y como juncos seguiremos a delante, meciéndonos según quién nos necesite en cada momento.



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.




martes, 1 de agosto de 2017

pARA mIS hIJOS.





Dame un abrazo sincero.
Dame un achuchón de esos que te estremeces por dentro.
Déjame acariciar tu suave piel.
Déjame ver lo que piensas a través de tu mirada.
Eres mi pequeño ángel, mi anhelo y mi tesoro.
Déjame trenzarte el cabello.
Cómo me gusta acariciarte y escucharte decirme: mamá sigue.
Escuchar tu voz y tu risa son mi música y mi bendición.
Cuanto disfruto durmiendo a tu lado, pegaditos y en silencio.
No cambiéis nunca mis tesoros, yo siempre estaré aquí para cuidaros.
Hasta mañana, que descanséis bien y que soñéis con los angelitos.



                                                                                                     Paula Cruz Gutiérrez.

jueves, 27 de julio de 2017

Un Bonito Día,


Esta mañana hemos ido al supermercado para hacer la compra. Yo iba caminando despacio, buscando unas galletas para los niños cuando me he dado cuenta de que estaba contando una canción, me he parado a escuchar más detenidamente y me he dado cuenta de qué canción era.

En ese momento mi mente se ha trasladado a la velocidad de la luz veinte años atrás, de repente ya no estaba en el super, sino casi veinte años atrás en el salón de mi casa de Madrid. Por aquel entonces, escuchaba esa misma canción junto con sus compañeras de cd una y otra vez, me gustaban mucho. Pertenecían a un grupo de música valenciano que se llamaban Girasoules y que por aquella época tuvieron cierto éxito.

No he podido evitar sonreír mientras seguía cantando. 

El estribillo de la canción dice: cuenta conmigo, para bien o para mal, del principio hasta el final...

Es increíble cómo nuestra mente asocia la letra de las canciones que escucha con determinados momentos o situaciones que vivimos.

De ésta manera, un día que había amanecido como uno más, se ha convertido en un bonito día para mí.

¿Qué canción os hace felices a vosotros?.


                                                                                                                                                                                   Paula Cruz Gutiérrez.

lunes, 24 de julio de 2017

Las Sonrisas de Pilar.


La visita a una amiga que vive en una provincia lejana, me llevó a conocer a otra amiga. 

De mirada viva, cara sonriente y sonrisa fácil. Pilar es médico y trabaja parte del año visitando a enfermos terminales en sus casas, dentro del programa de cuidados paliativos del Alto Aragón.

Trabaja con agrado, sin perder el ánimo ni tampoco la esperanza, a pesar de la dureza de su trabajo.

Visita las viviendas de los enfermos en compañía de su enfermera, ambas acuden solícitas, sean bien recibidas o no.

Ella conoce bien la crueldad que puede llegar a presentar una enfermedad, y la impotencia y el enfado que suelen presentar los cuidadores. Lo ha vivido en sus carnes.

Pérdidas muy cercanas que la acompañan todos los días, incluso alguno de ésos días la atacan a traición y sin consuelo.

Sabe de la importancia de vivir aquí y ahora, porque a diario, se mueve en esas arenas movedizas que hay entre la vida y la muerte.

Con su voz te traslada a otros lugares donde habitan la serenidad y la reflexión. Esa misma voz pausada te incita a pensar, te invita a vivir. Y su risa fuerte y sincera te dice que estás en el lugar adecuado en el momento adecuado.

Por todo esto, cuando Pilar te abraza, sientes que el mundo se detiene, porque abraza tu cuerpo, pero sobretodo abraza tu alama. Con tal fuerza que todo tu ser se estremece.

jueves, 20 de julio de 2017

Clara.


Clara despierta, bosteza y se despereza lentamente. Se nueve despacio, mientras es consciente de que está a punto de comenzar un nuevo día.

Sus ojos se muestran perezosos, sin ganas de abrirse, aunque al final lo consigan, cuando su mente se espabila y le da la orden de levantarse.

Durante la noche, sufre un sofoco tras otro, lo que la obliga a secarse el sudor y cambiarse de camiseta a mitad de la noche. La inflamación de las manos y el dolor de articulaciones dificultan sus movimientos.

Al llegar la mañana, se incorpora en el borde de la cama despacio, con dificultad. No en vano, sus articulaciones están anquilosadas por la inactividad de la noche y la medicación. Los dolores van en aumento a medida que transcurren los meses y las sesiones de quimio. Hace poco que ha comenzado con los ciclos de otro medicamento, ni mejor ni peor que el anterior. Cada uno despliega sus efectos sobre el cuerpo, ya saturado por la enfermedad y la medicación.

Cuando Clara consigue levantarse se dirige al baño. Va a pasitos cortos, caminando como si fuera un robot, porque no puede flexionar los tobillos. 

Este es su despertar desde hace meses.

Cuando consigue llegar a la cocina los niños ya están alborotados y desayunando, eso si su marido está en casa. Si no es así, Clara pone la alarma para levantarse a tiempo de medio preparar el desayuno, mientras espera que vengan a recoger a los niños para ir a la escuela. A ella aún le falta fuerza en las piernas para conducir.

Cuando los niños se van, ella se queda sentada en la silla de la cocina, pensando cómo afrontar el nuevo día. Hablando consigo misma y con la taza de café como único interlocutor.


                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.

sábado, 15 de julio de 2017

Sin Palabras.

Hoy no voy a publicar un texto mio.

Recientemente recibí un mensaje de audio en mi teléfono de un amigo de Uruguay. Al escucharlo me quedé sin palabras, no tanto por las cosas que me decía, sino por quien me las decía.

Alvaro Perez Silva, quedó ciego por un accidente siendo muy joven, pero eso no le ha impedido llevar una vida lo más normalizada posible. Trabaja como masajista, es voluntario ayudando a los más desfavorecidos y además ha representado a su país en varios Juegos Paralímpicos como corredor.

Es un ejemplo de superación constante
Un amigo al que respeto y admiro profundamente.



El audio de Alvaro dice lo siguiente:

Paula, me encantó lo que escribiste y me siento identificado, soy de los amigos que están mucho más allá de la distancia, pero ahí en el corazón.

Es divino lo que estás viviendo porque das un mensaje hermoso para el resto del mundo. Hay gente en este mundo que necesitan personas justamente como vos, un ejemplo de superación. 

Tenés una familia hermosa, es admirable tu marido, son admirables tus hijos y sos admirable vos, porque sos un ejemplo para la humanidad. Sigan así y no decaigan nunca.

Me encantaría poder reencontrarme con ustedes en algún momento. Yo desde mi lugar estoy constantemente conciencializando sobre la importancia de la superación del ser humano. La rehabilitación en personas con discapacidad, tratando de cooperar con otro tipo de humanidad.

Un beso grande y no dejes que nada te haga decaer por el ejemplo que das.

Por mi parte: Simplemente Gracias, no hay nada que añadir.


                                                                       Paula Cruz Gutiérrez.




miércoles, 12 de julio de 2017

Y me convertí.

Y en un ser alado me convertí.

Con inmensas alas blancas, resplandecientes de luz y de diminutos brillos irisados. Alas inmensas por su tamaño, pero livianas de peso.

Y con las alas se fueron los miedos.

A la vez que me brotaban, mi cuerpo y mi mente también se iban transformando. Para convertirme en un ser especial, no tanto por fuera, como por dentro.

Y comprendí muchas cosas que hasta ahora me eran desconocidas, como el poder de mi mente sobre mi mundo exterior.

Como la capacidad de cambiar muchas de las cosas que no me gustaban. Así comenzó todo, porque son muchos los cambios a los que nos vemos obligados a hacer frente.

Una mañana comencé a pensar que si:

- No tengo vello ni cabello, pues así no gasto champú, ni secador de pelo, ni depilarme. Me coloco un bonito pañuelo o una diadema de un alegre color y salgo a la calle.
Que tengo la tripa muy inflada, pues me pongo ropa más holgada.
- Si tengo mala cara, me maquillo y me doy colorete.
- No tengo cejas, pues me las pinto.
- Que me duelen las articulaciones y no puedo caminar, pues no lo hago.
- Ya no tengo pestañas, pues así no gasto el rimmel.
- Que muy a menudo estoy cansada, pues descanso y después vuelvo a descansar.
- Que se me pasan mil historias por la cabeza mientras reposo, pues las escribo para contároslas después.
- Que alguien me visita y me dice que "qué pena de vida", pues yo le contesto que mi vida no es ninguna pena.
- Que tengo un mal día, pues lo dejo pasar a ver si el siguiente amanece mejor.
- No puedo subir escaleras, pero lo intento.
- Aunque el cansancio y los dolores me impiden hacer cosas, yo intento moverme.
- Que paso días deprimida, pues intento alegrarme.
- Que los dolores no me dejan vivir, entonces echo mano a las medicinas.



Y en esos ratos en los que lo único que hago es mirar el techo, imagino y pienso, pienso e imagino.



                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.




jueves, 6 de julio de 2017

Y si pudieras elegir ¿quien te gustaría ser?




Me he tomado mi tiempo pensando ésta reflexión, para poder llegar a la respuesta más correcta.

Animáos a reflexionar conmigo y descubramos entre todos, aquello que verdaderamente nos gustaría ser. Y lo que es más importante, intentemos convertirnos en ello.

A mí sin duda alguna, me gustaría seguir siendo Yo.

No me gustaría nada levantarme un día habiéndome convertido en un ser mundano, de los que "siempre hacen lo correcto", o hacen lo que "hacen los demás". Una persona con poco criterio.

Rebelde por naturaleza, no nací para someterme a nadie y todo aquel que lo intentó fracasó estrepitosamente.

Soy incapaz de conformarme con lo que la vida me da, sin luchar ni intentar cambiarlo. Indudablemente, es más cómodo quedarte quieto, esperando a ver qué te trae la vida, pero también es infinitamente más aburrido.

Pero voy a ir un poco más lejos...Y dejando volar mi imaginación... Me gustaría ser...

Me gustaría convertirme en un ser liviano y transparente, infinito y diminuto a la vez. Un ser divino, que me lleve a descubrir el universo.

Un ser alado con grandes alas blancas para poder volar de un lugar a otro sin parar. Con el que pudiera visitar  y estar en diferentes lugares al mismo tiempo. Tal vez así, podría hacer todas las cosas que deseo hacer y que por falta de tiempo con una sola vida no haré.

Esas enormes alas, las usaría también para cobijar a mi familia y a mis amigos. A mis hijos, ofreciéndoles todo el amor que pudieran necesitar y enseñándoles a ser personas íntegras, capaces de encontrar su propia felicidad. 

Me gustaría seguir siendo yo misma, pero en "versión mejorada".
Fiel a mis principios, como he intentado ser siempre.

Y vosotros, ¿ya habéis decidido quién os gustaría ser?.





                                                                                                         Paula  Cruz Gutiérrez.

martes, 4 de julio de 2017

Gracias por las 70.075 visitas.


             
             70.075 visitas.

Nunca imaginé que mi modesto blog pudiera tener tal número de visitas.

70.000 millones de gracias.




                                              Paula Cruz Gutiérrez.

domingo, 2 de julio de 2017

Reflexiones.



Decir que me siento afortunada y feliz por toda la gente que tengo a mi alrededor, es quedarme corta. Una multitud de personas que están dispuestas a ayudarnos en todo momento, a mí y lo que es más importante, a ayudarnos con los niños. Nos ofrecen su ayuda para cuidarlos mientras nosotros no podemos, y nosotros estamos agradecidos porque los atienden como si fueran suyos.

!Qué importante es eso para mí!

Que alguien me diga que es un honor ser amiga mía, es algo muy cierto, pero un honor para mí, por tener a personas tan especiales  a mi lado. Un inmenso honor que el Universo me ha otorgado y que agradezco enormemente. 

Tanto tiempo inactiva, me obliga a reflexionar sobre la vida misma y sus circunstancias.

Reflexionar sobre la importancia de no estar solo, pero al mismo tiempo, lo importante que es estar rodeado de gente que realmente merezca la pena.

Reflexionar sobre el valor de la solidaridad entre nosotros, en este mundo donde parece reinar todo lo material. 

Sobre el valor de las cosas pequeñas como el placer de acariciar el cuerpo calentito de mis hijos, mientras sonríen y me dicen: no pares mamá.

Reflexionar mientras disfruto contemplando la naturaleza, las nubes, los pájaros volar o un simple escarabajo que descubren mis hijos entre la hierba.


Hemos estado una semana en Madrid, tranquilos, descansando. Una semana llena de besos, abrazos y de palabras de cariño sinceras, de personas que sé que me quieren tanto como yo a ellas. Porque no importa la distancia a la que estamos normalmente, lo importante es lo que sentimos y lo que disfrutamos cuando estamos juntos.

Gracias a las personas de aquí, de allá o de mucho más lejos.
Os quiero a todos por igual.



                                                                         Paula Cruz Gutiérrez.

martes, 27 de junio de 2017

El Reloj.


Estoy de nuevo en el quirófano. Como siempre aquí abajo hace mucho frío, permanezco tumbada y temblando en la camilla. Mientras tanto el personal de enfermería se mueve de un lado a otro colocando los útiles necesarios para mi intervención.

He entrado con una sonrisa, antes de bajar he visto por casualidad a mi cuadro médico y me han deseado suerte. Me acompañan mi marido y Conchi.

Mi amiga Conchi ha bajado a acompañarme hasta dentro del quirófano para que no me sintiera sola, después me ha sonreído y se ha marchado.

Al entrar el médico anestesista me ha peguntado cómo estoy de nerviosa, para calcular la cantidad de sedación que debía administrarme. Yo le he dicho que estaba tranquila. No pueden dormirme completamente porque durante la colocación del reservorio debo colaborar con ellos cuando me lo indiquen.

La enfermera me ha colocado una manta especial, que tenía dos huecos, uno por el que saco la cara y el otro por el que ellos trabajarán.

Por mi orificio tan sólo veo una mesa con instrumental y un reloj colgado en la pared.

El reloj tiene forma circular, es de vidrio y su marco es de color añil. Cuando llega el cirujano marca las diez menos diez de la mañana. 

Durante toda la intervención estoy pendiente del reloj, viendo cómo sus agujas avanzan despacio.

Me inyectan una anestesia local en una zona del pecho y después en otro. La primera inyección me duele muchísimo y tengo la sensación de que la aguja gira dentro de mí.

Mientras trabajan escucho sus conversaciones, al tiempo que la auxiliar mueve constantemente la camilla hacia un lado u otro, siguiendo las instrucciones del cirujano.

En un momento dado, me toca colaborar a mí. Ahora contengo la respiración, ahora inflo la tripa y hago fuerza.

El cirujano pide bisturí y me imagino cómo corta mi piel. Le cuento que antes yo me dedicaba a restaurar libros y que el bisturí era una de mis principales herramientas de trabajo. Entonces me responde que en ese caso, somos casi colegas.

Comienzan a colocar el reservorio arrastrándolo entre la piel y el músculo hasta colocarlo en el lugar más adecuado. Aunque no puedo verlo me resulta muy desagradable.

Lo único que puedo hacer es aguantar y mirar el reloj.

Sigo tranquila, las agujas del reloj marcan las diez y veinte de la mañana. Entonces el cirujano me dice que ya han terminado y que el catéter ha quedado perfecto.

Le doy las gracias a todo el equipo, mientras el celador me indica que me pase a la camilla donde va a llevarme a la sala de recuperación.

Ya en la sala colocan a mi lado, a una niña de la edad de mi hijo, viene llorando nerviosa por la anestesia. Se llama como yo y le han asignado la habitación donde estuve yo la última vez. Pienso que vaya casualidad.

Me dan ganas de decirle algo para consolarla, pero como no me conoce no quiero que se asuste. Entonces entra su papá y consigue tranquilizarla.

Yo por mi parte, me dejo llevar por el sueño y me duermo.

A la salida me esperan Conchi y mi marido. Aún atolondrada nos vamos a casa.

Estoy muy dolorida y pienso que acabo de superar otra prueba.

Tengo la sensación de estar realizando un “airon man”, pasando prueba tras prueba. Sólo que en mi caso, no he tenido tiempo de prepararme previamente, ni física ni psicológicamente.





                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.




martes, 20 de junio de 2017

Nuestro Tsunami Particular.

Hallazgos arqueológicos recientes, han descubierto que el cáncer ya existía en la prehistoria. No es una enfermedad propia de la era actual. Aunque sí es cierto, que en los últimos años los casos de cáncer han aumentado considerablemente.


En algún momento de la historia, a alguien se le ocurrió la brillante idea de inventar un medicamento para curar el cáncer. Este personaje probablemente cercano a alguna farmacéutica, encontró para ésta el chollo de la historia.

Se inventó la Quimioterapia.

Los médicos nos la venden como la única alternativa válida para combatir nuestro cáncer, aún a sabiendas de que no es ni de lejos, una panacea.

Cuando aún estamos en estado de shock, nos explican con toda tranquilidad, todos los beneficios del tratamiento, junto con los miles de millones de efectos secundarios que podemos sufrir. Son tantos, que cualquier cosa que nos ocurra siempre entra dentro de la categoría de "normal". 

Si estábamos nerviosos por recibir la noticia de que tenemos cáncer, aún nos ponemos más al conocer todas las "lindezas" que están por llegar y que sí o sí debemos pasar si deseamos curarnos.

Nos programan un número determinado de sesiones, que al final en muchos casos, suele convertirse en indeterminado. Después, nos someten a tratamientos inhumanos, durante horas interminables y nos mandan a casa a esperar resultados.

Desde el primer minuto en el que la quimio empieza a entrar en nuestro organismo, comenzamos a notar su efecto destructor. 

No deja de ser incongruente que lo que supuestamente nos cura, sea en realidad, lo que nos mata.

Nos mata con su aplicación, con sus efectos secundarios que arrasan nuestro organismo como si de un tsunami se tratara. Llevándose por delante todo aquello que encuentran a su paso, comenzando con las venas y acabando por las células, sean cancerígenas o no.

Y algún  receloso me dirá: Sí pero tú te has curado.

Cierto, a mí me ha funcionado, pero ¿a cuanta gente no y después de pasar por el calvario de la quimio a muerto igual?. ¿No se les habría podido ahorrar tanto sufrimiento?.

Soy consciente de que éste es un debate conflictivo, pero en mi opinión, en algún lugar del mundo hay personas que han encontrado otras soluciones menos agresivas y a nadie le interesa conocerlas.

Estos medicamentos que nos administran, cuestan auténticas fortunas y parece que tan sólo a unos pocos investigadores parece interesar su retirada. Estos "Quijotes" de la investigación intentan buscar otras soluciones solos, luchando contra los molinos de la financiación. Porque todo el mundo les cierra las puertas y desgraciadamente, para investigar es necesario apoyo y dinero.

A día de hoy, es lo que hay.

Y nosotros los enfermos, contra todo ello, lo único que tenemos son nuestras ganas de vivir y nuestra fortaleza para hacer frente al tsnami.



                                                                          Paula Cruz Gutiérrez.